Palabra Justa

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(Prensa Sporting Cristal)

Antes de empezar las “Liguillas”, se está hablando mucho acerca de los refuerzos que necesita Sporting Cristal. Un 9, dicen algunos, un central dicen otros y hasta un arquero proponen. Es cierto que mejores jugadores podrían ayudar al equipo, pero el refuerzo más importante, en mi opinión, ya estuvo en el club a principios de año.

El equipo y comando técnico necesitan traer devuelta la confianza que se tenía en la propuesta de fútbol ofensivo que se tuvo a principios de año y algunos chispazos en el Apertura y Clausura, el partido contra Universitario como último ejemplo. Ese es el refuerzo más valioso. Necesitamos dejar de ceder el protagonismo, por más que nos haya llevado a ganar el Torneo Clausura. Es muy peligroso continuar dependiendo de lo que pueda hacer el rival (y aprovechar alguna casualidad para anotar) y no sólo en aspectos futbolísticos.

Primero, mientras más veces cedamos el protagonismo jugando de visita, más difícil se nos hará abrir a las defensas que se vienen a tirar atrás en el Alberto Gallardo. El jugador carecerá de ideas, de imaginación y de precisión cerca del área contraria por el simple hecho de no estar acostumbrado a tener la paciencia necesaria para encontrar o inventar un pase, ya que como el Sporting llego a ganar el Clausura fue atacando a mil por hora. Todo eso deriva, y lo seguirá haciendo si no cambiamos, en la “Lobadependencia” que tenemos para generar ocasiones de peligro de local. Claro, Ray Sandoval, Jospemir Ballón o Alexis Rojas se potencian cuando jugamos con espacios, pero a la hora de inventar algo contra una defensa cerrada, no pasan el examen. Hay que acostumbrarlos, y no es de un día para otro.

Otro riesgo que corre Sporting Cristal si no se refuerza con la idea de fútbol ofensivo, es la relación con el aficionado. La situación de la celeste pone en apuros a todas esas personas que se hacen las “ganadoras” diciendo que el fútbol es ganar y que no importan las formas o los merecimientos. Los pone en apuros porque si el fútbol fuera sólo ganar, tendríamos estadio lleno en las fechas que jugamos de locales ya que además de campeonar en el Clausura, muy pocas veces bajamos de los primeros puestos. Pero aún ganando, la convocatoria de gente no fue digna de una escuadra, además de grande, ganadora del torneo. Y la razón está en que el fútbol que juega el equipo en condición de visita y por consecuencia (influye), de local, aburre. No hace a la gente querer ir a verlos jugar. No emociona a nadie, por el contrario, molesta a la mayoría de hinchas de Cristal que quieren que se respete su historia, su identidad de fútbol ofensivo y bien jugado. Si la gente, en general, fuera a ver a su club ganar, el fútbol no tendría la capacidad de convocatoria que tiene. Por ende, este juego es mucho más importante que ganar. Eso debería estar claro. Si seguimos jugando igual, me temo que es muy probable seguir teniendo poco público cuando jugamos de local.

¿Hay partidos recientes donde el Sporting salió a dominar? Sí hay, pero son pocos. De visita recuerdo el partido contra Ayacucho FC, que fue realmente bueno, porque desde la posesión en campo contrario generamos nuestras ocasiones. Pero para la siguiente fecha Mariano Soso volvió a proponer un equipo contragolpeador que buscaba ser largo y atacar excesivamente rápido y con pocos jugadores. Cuando digo “reforzar la idea de fútbol ofensivo” es precisamente no hacer ese cambio de idea de fecha a fecha. Los protagonistas pueden cambiar, pero la idea nunca. Es la ley.

Necesitamos cambiar nuestra mentalidad de que “atacar mucho es un riesgo”. Como bien dice Josep Guardiola, que algo ha ganado en su vida, “atacar mucho es un riesgo para el rival, nunca para nosotros”.

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(Prensa Sporting Cristal)

Cuando fue presentado Mariano Soso, tres palabras fueron las que entusiasmaron al hincha que dejando de lado la obviedad de querer ganar, quería ver a su equipo jugar bien. Esas palabras fueron: posesión, presión y ataque. El nuevo técnico, el subcampeonato y la esperanza de la hinchada de ver a su equipo jugar bien parecían indicar que esta vez el “manual de estilo” no iba volver a ser una falacia gigante ni una mentira al pueblo celeste.

El equipó mostró intenciones de ser protagonista a través de la posesión y el juego ofensivo en varias ocasiones. Tomando como ejemplos claros, Matute y Parque Patricios. Dos partidos con resultados distintos pero que Sporting Cristal los jugó como debe hacerlo un equipo sin complejos, que cree en su idea de juego y que juega los partidos con grandeza. Parecía que después de pulir ciertos aspectos del juego como el repliegue defensivo o si a sus delanteros le tocaba un poquitín más de suerte, Sporting Cristal volvería a ser el de siempre.

¿QUÉ PASÓ?

La mayor parte de partidos que jugó Cristal a principios de año fueron básicamente un “merecimos más”. Lo que no se dio cuenta la gente es que en ese “merecimos más” estaba la ruta correcta a seguir. El camino estaba trazado y el tiempo de trabajo nos iba a hacer cada vez mejores. Todos los “riesgos” que tenía nuestra propuesta se iban a disminuir con cada entrenamiento. Pero de la nada, como un diablo tentándonos al pecado o como la Reina ofreciéndole la manzana envenenada a Blancanieves, aparecieron las victorias de visitantes siendo un equipo cagón y, lamentablemente, caímos en la trampa. Caímos en el agujero en el cual la mayoría de personas en la sociedad de hoy cae (no sólo en fútbol) y ese agujero es la necesidad de éxito en la inmediatez.

Quisimos encontrar la verdad en el resultado y nos olvidamos de todos los aspectos del juego hicieron a Cristal ser, Cristal. Parece que le gusto en demasía el apagón de las críticas al comando técnico por ser “el mejor visitante del torneo peruano” que quisieron jugar igual todos los partidos. El equipo traicionó la idea que fielmente pregonamos a principios de año y pasamos a procurar ser “un equipo tácticamente ordenado”. Pero un equipo tiene que partir del talento para después ser ordenado, porque el talento se puede ordenar y al orden no se le puede dar talento.

Pero esta crisis de fútbol (porque de resultados no es en su totalidad) no es solamente culpa de la dirigencia o comando técnico. Los hinchas también colaboramos. Cuando no se dieron los resultados a principios de año, dejamos de hablar de fútbol, le dimos la espalda a nuestra historia, a nuestra esencia y a nuestra manera de sentir el juego. En general, se escuchó mucho de “para que atacar todo el partido si vamos a fallar tantas ocasiones” y todo eso contribuyó a creernos la mentira de que dejando de ser protagonistas seremos un mejor equipo. De una crisis de resultados se puede salir, pero de una crisis de fútbol es más complicado. Tomamos el atajo y cuando reaccionamos, tenemos una ruta mucho más larga. Ahora nos cuesta mucho más ganar.

¿Qué dirá el jugador de Cristal que a principios de año le dijeron que había que ser protagonistas y hoy le dicen que la verdad está en dejar de serlo?

Hay un miedo muy grande a perder y eso es por el entorno de infierno que inventa la sociedad alrededor del que no consigue ganar el partido. Entonces se cree que para no perder hay que atacar menos, pero no es así. Siguiendo la lógica terminante del fútbol, los grandes equipos y Cristal, por historia, casi nunca fue una excepción, demuestran que atacar mucho es más un riesgo para el rival que para uno mismo.

Lamentablemente hoy vamos al Gallardo y lo único que vemos es un estadio vacío, insultos a la dirigencia y un partido de rugby o como le quieran decir.

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Ayudemos a Carlos Lobatón.

Sporting Cristal necesita jugar para Lobatón y no Lobatón para Sporting Cristal. Necesitamos que sea nuestro líder futbolístico, necesitamos que sea el que maneje los hilos del equipo, pero Carlos no va a poder manejar el bus cervecero si a su lado juega con gente que quiere entrar a la curva a 100 kilómetros por hora, cuando lo que se tenía que hacer era pausar hasta 60, dibujar bien la curva, y salir con ventaja a 120 kilómetros por hora.

No hay que confundir un equipo intenso con un equipo apurado. Sporting Cristal es apuradísimo. Todas las decisiones fueron siempre para adelante en el partido contra Alianza Lima, lo cual no es sinónimo de ser ofensivas. Cada movimiento que intentaba marcar un delantero, el volante le tiraba el pase. No había engaño, nadie desaceleraba. La intención de hacer el juego directo, hacía que el equipo se vuelva indirecto, porque nos transformábamos en predecibles. Y eso lo aprovechó Alianza Lima en los primeros 30 minutos del primer tiempo a la perfección.

Hagamos la ecuación: Sporting Cristal quería ser directo. A eso le sumamos que Alianza, con su presión, exigía más precisión en los pases hacia adelante (los cuales requieren más talento). A eso le sumamos la imprecisión que para nuestra mala suerte sufrieron Carlos Lobatón y Pedro Aquino (Jorge Cazulo no, porque ya es costumbre). Y por último le agregamos que Alianza sí quiso frenar para después acelerar y generar peligro. Todo eso resultó en superioridad de Alianza que fue transformada en el primer gol (en fuera de lugar) que bien mereció. Después Alianza replegó un poco y Cristal pudo equilibrar el juego e incluso ser superior los últimos cinco minutos y la mayoría del segundo tiempo.

Entonces, ¿cómo seríamos un equipo intenso? Presionando en la perdida. Y todo va de la mano de jugar con pausa. Si frenas le das tiempo a tu última línea de adelantarse y así, jugar en bloque y hacer que la presión en campo contrario sea más efectiva. Cristal no frena, por eso se le reclama ser un equipo largo, pero tampoco presionó, resultando vulnerable a los ataques del rival, cuando éste se lo propuso.

Por más que la volante de Cristal no tenga las cualidades técnicas para asociarse con Lobatón debería tener el criterio, la inteligencia, para saber que a veces hay que frenar para volver a acelerar. Si tanto se habla de una “Lobadependencia”, bueno pues, hay que poner a nuestro mejor jugador en un plano favorable, que se sienta cómodo, que le den la pelota cuando haya una pausa y él sea el que acelere la jugada. No que se la den con 3 aliancistas encima y yendo a mil por hora, ahí va a perder. Hay que hacer que Cristal y sus jugadores jueguen en un contexto a su favor, y no corran sin razón alguna.

Algunos entrenadores piensan que esos jugadores pensantes le van a quitar una marcha al equipo, lo van a hacer más lento y debe de haber casos, claro que sí. Pero la verdad está en que esos jugadores manejan mejor las oportunidades. Tanto así que la jugada más peligrosa del segundo tiempo la creó un genial pase de Renzo Sheput a Irven Ávila. Cuanto extrañamos a Horacio Calcaterra, Dios mío.

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Desde que comenzó la temporada, la abismal diferencia entre la derecha y la izquierda en Sporting Cristal se empezó por marcar a raíz de la notable diferencia técnica entre Jair Céspedes, partidario de la izquierda, y Renzo Revoredo, de la derecha. La izquierda empezó siendo letal a favor del Sporting. Jair Céspedes e Irven Ávila se nutrían entre ellos en argumentos ofensivos, mientras que las apariciones de Renzo Revoredo parecían estorbar a Gabriel Costa, que resaltaba más cuando tiraba diagonales y no cuando combinaba con el lateral derecho. Esto no quiere decir que Revoredo lo hacía mal, es más, hasta ahora ha sido determinante sin ser, para el autor de este post, un buen jugador. Pero sí quiere decir, que sus limitaciones técnicas y físicas (velocidad) reducen la cantidad de argumentos ofensivos que puede tener el extremo por su banda, caso contrario al que vemos en la izquierda de Sporting Cristal. El patrón siguió siendo el mismo cuando se lesionaron los extremos titulares y Sandoval, Ramúa y Rojas, salieron a cumplir con la difícil tarea de reemplazarlos.

Para poder analizar el rendimiento de los que fueron llamados para reemplazar a los líderes de la derecha y de la izquierda, (Costa y Ávila) se tienen que entender sus obligaciones dentro del campo. Absolutamente todos los jugadores de un equipo tienen el deber de desequilibrar, unos más que otros. El fin de este juego es desequilibrar para anotar. Defendiendo mejor que el rival, el juego se desequilibra a nuestro favor y lo mismo pasa con el ataque. Para ambas situaciones se requiere talento. Ahora, la táctica en posesión puede influenciar las responsabilidades ofensivas y en el esquema que implementa Soso (4-3-3), gran parte de la producción ofensiva es responsabilidad de los extremos, mientras que parte de la responsabilidad de los medios es dejarlos mano a mano con el marcador rival. Y teniendo en cuenta esta responsabilidad de los extremos, puedo decir que tanto Rojas como Sandoval no cumplieron con sus obligaciones dentro del campo.

Han pasado 6 partidos desde que se lesionó Costa y 4 desde que se lesionó Ávila. Dentro de estos partidos, el único partido en el que alguno de estos dos jugadores jugó bien fue el último ante Real Garcilaso, donde Rojas jugó un gran partido, dando una asistencia a Loba y dejando sólo a Chávez para que asista a Silva, además de que le cometieran el penal al inicio del partido. En ninguno de los otros partidos, tanto Sandoval como Rojas ganó un 1 vs 1 a un lateral rival. Y no exagero. Ahora, Sandoval ha marcado dos goles en estos partidos y se ha fallado innumerables ocasiones, que realmente no es tan importante. Lo que se debe analizar es cómo las falla y cómo metió los goles. Sandoval no gestó casi ningún ataque, sino que llegó a la zona de definición, que es un punto a favor ya que también forma parte de su responsabilidad, pero sólo generó el gol de Cossio contra Real Garcilaso. Ray llega con buena ubicación a la zona de definición pero cuando le toca generar, desbordar o encarar, (su responsabilidad principal) no lo ha sabido hacer con éxito en estos partidos.

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Es importante mencionar que el partido donde Rojas resalta fue jugando con Edison Chávez como lateral derecho y no con Renzo Revoredo, convocado a la selección. Pero también, en los partidos anteriores tanto Sandoval como Rojas intercambiaban bandas, ambos teniendo la chance de sacarle el jugo a Céspedes, pero ninguno lo hizo y el lateral izquierdo terminaba resaltando más en ataque que los propios “wings”. Otro factor que revela la poca producción de los extremos suplentes. Algunos se jactarán de que Rojas hace muy bien el repliegue defensivo y se raja por la camiseta. Pero claro, si yo entreno dos meses seguidos mi físico, quizá también pueda hacer el repliegue defensivo sin la necesidad de ser un buen jugador de fútbol. Lo que hace Rojas defensivamente es una ventaja sobre Sandoval , que lo cumple a medias, pero de ninguna manera lo salva de la poca producción ofensiva que ha tenido en estas 6 inmejorables oportunidades, al igual que Sandoval.

Es claro que la producción de estos jugadores no va a ser la misma que la de los titulares. Hay que comprender que a pesar de que tienen las mismas obligaciones dentro del funcionamiento ofensivo, tanto Sandoval como Rojas tienen menos capacidades para cumplir y sobrepasar las obligaciones que los dueños de los extremos, Ávila y Costa. Pero la única manera de que mejoren y lleguen a cumplir o sobrepasar las obligaciones que tienen es con rodaje. Que sigan jugando y que no los escondan cuando se recuperen los titulares. Que les sigan dando una buena porción de minutos, para que poco a poco sigan mejorando, porque condiciones tienen sin ninguna duda.

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Dicen que la grandeza de los entrenadores no se encuentra en que el equipo refleje su estilo, sino en cual es su estilo. No se trata de convencer a sus jugadores, se trata de qué los convence. Hay algunos, por suerte una minoría, que convencen a sus jugadores de que el fútbol es una batalla, una guerra. Los convencen de que el rival les está quitando el pan de cada día para su familia y que hay que ir a matar. Hasta gesto de guerra ponen, una barbaridad. En cambio hay otros, felizmente mayoría, que no distorsionan la nobleza del jugador de fútbol y los hacen ejercer su profesión, jugar fútbol.

¿A dónde quiero llegar con esto? A hacer hincapié en el “porqué” del partido de Josepmir Ballón en Chiclayo. En el papel, leer un triángulo en el medio con nombres “Calcaterra – Ballón – Cazulo” es sinónimo de defender. Eso también afecta al grupo. Es decir, viene este argentino que solo ha dirigido un equipo peruano diciendo que tendremos más probabilidades de ganar si somos siempre ofensivos y ¡pone ese triángulo al medio! “Este me habla huevadas. Me está mintiendo” se podría empezar a decir. Pero todo lo contrario, Soso convence no sólo a Ballón, sino también al equipo, de que Josepmir de interior no tiene una función defensiva.

Y así lo fue. Regalándonos un gol, una asistencia y paredes precisas en la zona de definición, Josepmir fue figura. ¿Nos estaba mintiendo el argentino? Pues no, la idea no se negocia, se ajusta.

“¿Es tan difícil poner a los jugadores donde mejor rinden?” Por supuesto que sí. Si fuera fácil, todos podrían ser directores técnicos y esa profesión no tendría importancia alguna. Además me parece que es la primera vez que veo a Ballón jugando de interior en este esquema. En el 2015 Ballón jugó de interior pero con dos delanteros centro, lo que lo obligaba a generar amplitud antes que interferir en la zona de definición. Con este 4-3-3 Ballón estuvo más centralizado y con mayor libertad para elegir dónde moverse de acuerdo a los espacios que dejaba el rival. Y lo hizo bien. ¿Pero será suficiente para sentar a Carlos Lobatón?

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Este partido no significa que Ballón va jugar todos los partidos en este nivel. Pero sí le da al técnico una opción más para no cambiar su esquema, ya que además de Calcaterra y Lobatón y antes del partido en Chiclayo, Sporting Cristal no tenía un volante mixto suplente. Ballón sorprendió y ahora se sabe que puede jugar, con tranquilidad, de interior.

Lo positivo de todo esto es la competencia entre los pesos pesados del equipo para ganarse un puesto. Es decir, Cazulo, Ballón y Lobatón tendrán que luchar por dos puestos en la volante celeste, ya que el tercero es fijo y ese es Horacio Calcaterra.

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Después de terminar nuestra participación en la Copa Libertadores nuevamente, al igual que los tres años anteriores, quedarnos eliminados en la primera fase. Me dio la sensación que la urgencia de éxito que sienten los hinchas de Sporting Cristal sobrepasó los límites de la razón. En algunos aspectos, claro.

Leí muchísimos comentarios que como base tenían la siguiente idea: “Más de los mismo, 3 años seguidos que jugamos bien pero perdemos”

Y me temo que esos comentarios no tienen mucha lógica por dos puntos. Primero vayamos al concepto futbolístico. En mi perspectiva de lo que es el fútbol claro. ¿Acaso jugar mal nos va a hacer ganar? ¿Es más fácil ganar jugando mal? Para los muchachos que lanzan esos comentarios de “más de los mismo”, jugar bien es un adorno. Ellos piensan en ganar y después, una vez que hayan conseguido los resultados, jugar bien. Procuran adornar el resultado. Pero lo que no saben, o sí saben pero no les importa (?), es que jugando mal o feo, como lo quieran poner, estamos más lejos de conseguir algún resultado positivo.

El “más de lo mismo” tampoco tiene lógica porque en mi opinión Sporting Cristal no jugaba bien cuando Daniel Ahmed estaba al mando. Éramos un equipo que si alguna vez ganó algo importante fue por los condimentos impredecibles que tiene el fútbol. Por lo tanto, no es más de lo mismo. ¿Este Sporting Cristal juega bien? Ustedes mismos se responden diciendo que “jugamos bien, pero perdemos”. Ahora, analizando los partidos de Copa, Sporting Cristal dio lástima, y mucha, en partidos contra el súper poderoso Atlético Nacional y contra el equipo suplente de Peñarol en Uruguay. En un partido fue comprensible la superioridad del rival, pero éste último sí fue una decepción total.

Un equipo puede perder y no siempre jugar bien, eso está fuera de discusión, pero aparte del resultado, siempre va a dejar una imagen. Y la imagen que dejamos en Uruguay fue paupérrima. Yo pensé ver jugadores corriendo a presionar desde el primer minuto, pensé ver a un Silva ahogándose para comerse a los centrales. Pensé ver una avalancha celeste matándose por recuperar la pelota y a partir de ahí generar opciones como lo venía haciendo tan bien en los partidos de Copa. Pero nada fue así. Jugadores parados y un Peñarol que nos dominó de principio a fin. Jugadores con miedo. Miedo de ganar. Miedo de tener la pelota. Miedo de jugar fútbol. Tuvimos la personalidad de un típico equipo peruano. Pero nosotros no somos un típico equipo peruano, somos Sporting Cristal. Por eso me sentí avergonzado.

Yo no creo que el técnico les diga, “Muchachos, hoy hay que ser unos pechofríos descomunales”. Para nada. Pero cuando las papas queman, y al propio Jorge Cazulo, Josepmir Ballón o Renzo Revoredo, les empieza a dar miedo tener la pelota, es difícil que el equipo juegue bien. Eso contagia y escapa a las posibilidades del técnico en cierta forma. Ya que no venía siendo el caso en partidos anteriores. Pero no escapa de las posibilidades del técnico la obligación de presionar. El equipo nunca ejerció una presión digna de un equipo con amor propio, con una historia grandísima en la espalda, de un equipo que tenía la obligación de, aparte de meter más goles…morir de pie. Y Cristal se dejó matar.

Otro punto importante es el bajo nivel del plantel. Yo creo que nuestro mejor jugador es Calcaterra. Pero los equipos internacionales que juegan Copa, en su mayoría, tienen a tres Calcaterras. Si creen que Jorge Cazulo tiene mucho corazón, esos equipos tienen cuatro jugadores que empujan y meten igual que el “Piqui”. Y ni que decir de los delanteros, con sólo decir que Wanchope Ábila se come al tridente ofensivo de Cristal mezclado. Hay que subrayar que ser competitivo jugando bien con Renzo Revoredo, Santiago Silva, Ávila en un momento malísimo al igual que Ballón y con Cossio en la defensa, parece ser una tarea heroica. Y Cristal lo logró en la mayoría de sus partidos.

Pero, ¿De quien es la culpa de tener esos jugadores? Me parece que el análisis acá tiene que ser de alguien que sepa de la intimidad del equipo. Si Soso ordenó la renovación de Penny, Revoredo, Cossio entonces el bajo nivel de parte del plantel lo tiene que asumir el técnico. Si la dirigencia ordenó la renovación de aquellos jugadores, entonces la dirigencia tendría la culpa. Lo que sí tengo entendido es que Soso ordenó la contratación de Silva, Ramúa y Costa. Y de esos, solo uno, que es Costa, pasa el examen. Un refuerzo por pedido del técnico, que sea suplente, es justamente evidencia de que no estuvo a la altura del equipo, como lo fue Ramúa. Y Silva a pesar de marcar unos cuantos goles en Copa, parece todavía no encajar con las intenciones del equipo, aunque sí tuvo buenos partidos.

Ahora queda el torneo local. Y sí, quizá salgamos campeones y jugando bien. Quizá el Sporting nos de una alegría al final del año. Pero la vergüenza que se vivió en Uruguay no nos la borra nadie.

(Prensa Sporting Cristal)

¿El fútbol empieza por los pies o por la cabeza? Excelentes intérpretes del buen fútbol tienen distintas respuestas a esta pregunta. Ángel Cappa, por ejemplo, sustenta que el fútbol empieza por los pies porque para poder jugar, es necesario poder parar y pasar una pelota. Por el otro lado, Jorge Valdano va aún más allá y subraya que el fútbol empieza por la cabeza porque hay que saber cómo parar una pelota y cuando pasar una pelota en una situación determinada en el juego. Ahora, ¿cuál es la correcta? Y la respuesta a esa pregunta es: ninguna. Ambas respuestas conducen al tema de la técnica. Para ser un equipo con buena técnica hay que tener jugadores que tengan gran acierto en las decisiones que toman para superar los obstáculos que propone el rival y el juego. Y en eso, Atlético Nacional nos saca años luz.

¿Qué hago si un equipo tiene claramente mejor técnica que el mío? Siguiendo la lógica del fútbol, que en la mayoría de los casos tiene razón, intento arrebatarle la pelota y jugar en su campo el mayor tiempo posible. Y eso fue lo que intentó hacer Sporting Cristal. Con valentía y una propuesta que cada vez se nota más, Cristal pretendió y en efecto fue –en gran parte del partido– superior a Atlético Nacional.

Pero hubieron detalles en los que, precisamente, la falta de “técnica” condujo a tener errores conceptuales debido a malas decisiones para superar obstáculos del juego. Haré énfasis en los tres más graves del partido:

1. A pesar de la mejora en el triángulo Rodríguez – Cazulo – Ballón, el concepto del “hombre libre” sigue siendo una deuda. El “hombre libre” se refiere cuando se genera superioridad numérica en alguna parte del campo. Si Rodríguez tiene la pelota y no lo marca nadie, tiene que provocar marca conduciendo. Así, lógicamente, se crea un espacio que tiene que ser aprovechado para un volante. De esta forma, hay un jugador menos del rival que obstaculiza la circulación de la pelota. A lo largo del partido, cuando los centrales tenían la pelota sin marca, Josepmir Ballón se acercaba para que los centrales le den un pase de 1 metro sin sentido alguno.

2. El segundo error que noté fue el apresuramiento en las decisiones. Hubieron varias ocasiones a lo largo de todo el partido donde Lobatón abuso del lanzamiento largo cuando Cristal contragolpeaba. La ansiedad le ganó a la paciencia en el segundo tiempo y el equipo empezó a forzar espacios en lugar de encontrarlos a través de la circulación, como se hizo en el primer tiempo. Lastimosamente el tiempo le ganó a la convicción en el último tramo.

3. Finalmente, me enfocaré en la tarea de nuestro supuesto mejor suplente. El jugador que le debería cambiar la cara al equipo dándonos más aire en ataque y argumentos ofensivos: Alfredo Ramúa. El “Chapu” entró con una sopa de emociones en la cabeza y se olvidó cuando y cómo utilizar la gambeta, lo que nos lleva otra vez al concepto de la “técnica”. La gambeta es un recurso válido, una virtud, pero también puede ser un defecto. Es un defecto cuando se utiliza en ocasiones inoportunas, y no con el fin de crear una ocasión de gol. El “Chapu” pretendió gambetear en la mitad de la cancha, en donde es más fácil pasar la pelota que pasar a un hombre. La gambeta de Ramúa siempre va a ser un muy buen argumento cuando se use en zona de definición, pero no en situaciones en las que es más probable crear peligro a través de superioridad numérica que por desequilibrio individual.

¿La defensa?

No le vi un mal partido. A no ser que crean posible anular el 100% de intenciones en ataque que tienen jugadores de talla mundial como Ibarbo y el crack Marlos Moreno a través de Revoredo, Cazulo y Rodríguez, y teniendo 50 metros a la espalda de nuestros defensores.

Queda seguir por este camino. Porque en el afán de jugar de la mejor manera posible, está el concepto de devolverle el fútbol a la hinchada, al pueblo, que es su único dueño. Por supuesto que devolvérselo en forma de triunfo es importante, pero sobre todo en la convicción de hacer un fútbol noble y honesto.

Nos toca alentar, y de verdad.

Por supuesto que Mariano Soso es el culpable. Es más, no debemos de perder ni un segundo de nuestro tan preciado tiempo en pensar quien es el culpable. Está clarísimo que es Mariano Soso y nadie más. Ni Lombardi, ni Cúneo, ni Miguel Linares, ni Lapadula. El culpable es Soso.

Pero, ¿culpable de que? Bueno, como todo entrenador, Mariano tiene la culpa de cómo y cuanto se llega al área rival con peligro. Es decir, la forma y también la cantidad de las ocasiones de gol generadas por el equipo. Pero el técnico no se relaciona, de absolutamente ninguna manera, con la falta de definición de sus jugadores. Algunos tiernos sugieren que la falta de efectividad es culpa de Soso, pero si quieren buscar culpables de eso, saquen una cita con Silva, Costa y Ávila para que les cuenten quienes fueron sus entrenadores cuando se empezaban a formar como jugadores de fútbol, por ahí encontrarán algún culpable. ¿Cómo va a ser culpable el técnico de que Costa no haya puesto el pie 2cm más abajo cuando le entró a la pelota en las ocasiones que tuvo?

Soso también es culpable de que hayamos tirado paredes a placer en campo contrario. Es culpable de hacernos llegar al área contraria justificando los recursos de una intención de juego noble y ofensiva. Es culpable que durante todo el partido, uno de los equipos protagonistas del torneo argentino nos llegue sólo 5 veces en todo el partido.

Ahora, se ve mucho la pregunta ¿De que sirve ser tan superior si nos llegan 5 veces y nos hacen 4 goles? Y yo la respondo de la siguiente manera:

Ser superior a través de la posesión y generando ocasiones de gol (como contra Huracán) siempre va a aumentar las probabilidades del equipo para ganar. Por ejemplo, imagínense que Sporting Cristal hubiera cedido la posesión de balón al rival y se repliegue en campo propio. Lógicamente Huracán tendrá la pelota y por ende, si nos llegó 5 veces cuando nosotros le arrebatamos la posesión de balón, nos llegará unas 10 veces si le regalamos la pelota. De esta forma, si nos convirtió 4 llegando 5 veces, nos convertiría, teóricamente, mínimo…¡7 goles llegando 10 veces! Ahí está uno de los beneficios de, precisamente, tener una propuesta ofensiva que involucre la pelota.

También podemos analizar la otra cara de la moneda. Si jugando ofensivamente llegamos 10 veces y convertimos 2 goles, replegándonos vamos a llegar que…unas 4 veces y ¿convertiríamos algún gol? Con suerte uno, ¿no? Ya que los que dicen que ser superiores no sirve de nada y sólo valoran el resultado, son los mismos que reclaman la falta de efectividad de los delanteros, entonces ¿dónde está la lógica? Si dicen que no sirve de nada ser superiores, ¿cómo quieren generar ocasiones de gol y capitalizarlas si dicen que nuestros delanteros no la meten y pretenden generarlas con el equipo tirado atrás? Contradicciones nefastas. Un espanto.

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¿Entonces Soso no tiene ninguna culpa de la derrota?
Algo de culpa debe de tener Mariano, lógico. Pero, ¿quién sabe? Por ejemplo reclaman la titularidad de Ballón, pero si jugaba Aquino quizás regalaba dos balones en salida en vez de uno como lo hizo Josepmir. O de repente se jugaba un partidazo. Quizás el repliegue defensivo de Cristal no fue el mejor, pero cambiando la formula, en el fútbol, nunca sabes si va a resultar. Y defensivamente el equipo respondió todo el partido menos en los 4 goles en contra. ¿Eso es defender mal? Se puede juzgar de diferentes formas. Si 2 de los 4 goles pegaban en el palo, nadie iba a hablar de una horrorosa defensa rimense. Pero yo sí creo que hay un exceso de facilidad de parte del rival en pasar nuestra línea de presión y encarar de frente a la línea de 4 defensores en el fondo. Y en esas 3 o 4 puntuales, se defendió mal y punto. Y no es que no sea nada nuevo, todo lo contrario, me parece nuevo que sólo nos lleguen 4 veces jugando de visita y en Copa libertadores.

Entonces en mi opinión, para aumentar nuestras probabilidades de ganar y crear chances de gol hay que salir a proponer con una idea en común y ser superiores a través de la pelota. Generando nosotros las ocasiones de gol y no el rival. Que los delanteros la emboquen ya es otro tema. Pero también hay que entender que perder la brújula defensivamente en 3 ocasiones, cuesta muy caro. Y eso fue lo que hizo Cristal. A todos los hinchas nos duele un resultado así ténganlo por seguro. Pero como dijo el “Chacho” Coudet, “si alguna vez pierdo, quiero que sea así.”

Pedro Jesús Aquino Sánchez, un nombre que tiene que empezar a sonar muy fuerte dentro de toda conversación que involucre buen fútbol en el Perú. El joven mediocampista bajopontino viene sacándole todo el jugo posible a sus oportunidades, impresionando a más de uno por su talento al marcar y geniales decisiones al distribuir la pelota.

El buen “Pedrito” no es sólo un gran volante central, sino un buen jugador de fútbol. Lo vimos recientemente ante Alianza Atlético, donde tuvo una muy destacada actuación. Empezando cómo doble 5, y después jugando de “stopper” por izquierda tras una orden táctica de Mariano Soso para jugar con línea de tres centrales. En ambas posiciones, Aquino se desenvolvió de la mejor manera, pero no es ninguna sorpresa si uno se da cuenta de sus grandes cualidades como futbolista.

La cualidad que más rescato de Pedro es la madurez. Porque la madurez nada tiene que ver con la experiencia y Aquino tiene una madurez enorme dentro del campo de juego. Lo apreciamos ante Melgar en Arequipa, también contra Alianza en Matute y contra Huracán en el Nacional. Pedro en ambos partidos entró y dio lecciones de cómo manejar un partido.

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A los que dicen que todavía le falta experiencia en partidos importantes, ¿cómo la va a conseguir si sigue jugando 20 minutos por partido teniendo ya 20 años? La mejor forma de apreciarlo realmente como jugador es ver como reacciona ante los cambios radicales que hay en cada partido. Ver como se comporta ante un cambio de personalidad del rival como lo que pasó frente a Huracán. Que no entre cuando el rival nos está encimando o cuando ya se cerró el partido.

Ahora, el 5 tiene como competencia al volante central de la selección que es Josepmir Ballón. El “Barbón” viene teniendo una seguidilla de partidos en bajo nivel… ¿Será momento de ver a Pedrito en su total esplendor? Eso solo lo puede decidir Mariano Soso, el que los ve entrenar todos los días y que, sin ninguna duda, toma las decisiones en base a lo que es mejor para el equipo.

Todo el pueblo celeste está triste por la derrota. Fuimos a Colombia con la gran ilusión de pasar la prueba más difícil que le había tocado a este grupo, porque Sporting Cristal sabe, y mucho, de hazañas en copa. Como aquella vez en Avellaneda, por ejemplo. Esa ilusión se transformo en rabia, impotencia y vergüenza cuando corrían los primeros 10 minutos del partido. En esos 10 minutos a Cristal no le hicieron un gol gracias a un milagro y no pasábamos la mitad de la cancha. Sentí, por lo menos yo, una extrema vergüenza viendo a mi equipo especular en un partido tan importante. Sentí que no era Sporting Cristal. El planteo se pareció mucho a aquel en Cusco con Real Garcilaso, donde el Sporting se dedicó a esperar en terreno propio y aprovechar algún espacio que dejaban los rivales. Y pensé que, más allá de cómo termine el partido, no me iría satisfecho por la imagen que dejaba mi Sporting Cristal. Una imagen cobarde.

Eso de “hay que hacer un partido inteligente” es una mentira gigante en el mundo del fútbol. Lo mejor que se puede hacer ante un rival de jerarquía y grandes jugadores es ir a jugarles de igual a igual, porque eso es lo más inteligente. Eso es lo que aumentará nuestras posibilidades de ganar. Porque al presionarlos, ellos tendrán menos la pelota, lógicamente. Nosotros la recuperaremos más cerca de su arco, lo cual facilitará nuestro ataque. Y además de estas ventajas, ellos estarán más lejos de nuestro arco, lo que dificultaría su tenencia en nuestro campo. Pero Cristal salió a esperar. Cristal salió a no ser Cristal.

El partido se puede resumir mas o menos en ir al casino y quedarse con las fichas en la mano. Tener miedo a apostar. Y esa es la tan profunda tristeza, más allá del resultado, que sentimos los que quieren ver a Cristal proponer en todas las canchas. Aparte de que gane, porque eso queremos todos.

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