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Ernesto Arrascue Mur

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Al parecer, la historia de estos años de Sporting Cristal estará marcada por esa variable relación de amor y odio de sus hinchas hacia la institución, el club, los dirigentes, los técnicos y ciertos jugadores. Algunos dirán: “No, es que yo me opongo a que fulano juegue (o dirija o lo que sea) porque fulano es malo, porque está identificado con el equipo rival, porque no merece vestir la celeste”. Pero, estimado, estimada, tengo una mala noticia que darte: Si ya fue presentado, contratado y ya tiene puesta la camiseta, no hay mucho más que hacer, ya es del club, ya está ahí. Si le va bien a él, le irá bien a ese equipo al que tanto quieres.

En este punto podría colocar una larga lista de nombres que empezaría con Ahmed y terminaría con Revoredo, sin excluir a cada uno de los dirigentes. Pero para qué, si ya la conocemos de memoria. En esa nómina, se encuentran muchas personas que, equivocadas o no, con sus limitaciones o sus virtudes, con sus altos y sus bajos, han hecho todo lo posible por hacer de Sporting Cristal una institución mejor y que, a cambio, han recibido insultos y ofensas innecesarias, excesivas.

Los podemos criticar, claro, podemos tener razón, claro. Pero todo tiene una forma y un momento. Es un poco contradictorio, por ejemplo, decirle desde la tribuna barbaridad y media al arquero titular del equipo cuando faltan tres meses para que acabe la temporada y no hay muchas más opciones a las que acudir. Quizás aún algunos creemos (como ciertos hinchas de ciertos equipos que no voy a mencionar) que “ajustando” al jugador este reacciona, que así este juega mejor. ¿De verdad creen que en el fútbol moderno eso funciona? Los jugadores, al fin y al cabo, son seres humanos, unos mentalmente más fuertes que otros, unos más hábiles que otros, unos más inteligentes que otros. El miedo y la ofensa no son un buen camino si se quiere motivar sus virtudes.

Lo mismo pasa con los técnicos. Soso, por ejemplo, es un entrenador que, lo puedo decir ahora con total tranquilidad, en ningún momento de su paso por Cristal me llegó a convencer. Desde el primer partido con Huancayo hasta el último con Melgar, nunca entendí su propuesta, no me quedó claro si él sabía a qué quería que el equipo jugara. A pesar de esto, ¡vaya si quería que le vaya bien! Vaya que sí, cada vez que iba al estadio o veía algún partido por TV, tenía la esperanza de ver jugar mejor al equipo. Le tocaron circunstancias difíciles, es cierto, jugadores claves lesionados o en bajo nivel. Y, a pesar de estas, logró salir campeón. No jugando como nos hubiese gustado ver jugar a Cristal, pero siendo consciente de las limitaciones y de los momentos por los que pasábamos.

Momentos. Finalmente el fútbol está hecho de estos y de saber aprovecharlos. No es Playstation, no es el PES (que intenta imitarlos con las flechitas de colores al lado de cada jugador), es la vida real y en ella suelen pasar cosas. Finalmente es cómo manejar esas situaciones, dentro de un trabajo serio y planificado, lo que ayuda a conseguir los objetivos. Y, al parecer, este año las circunstancias nos son favorables. El equipo se ha reforzado en casi todos esos puntos flacos que antes tenía. El arco al fin parece estar bien resguardado, Lobatón ya no es la única posibilidad de generar buen fútbol y puede jugar más tranquilo, sin tanta responsabilidad, Costa (un jugador inicialmente resistido por la hinchada por su pasado aliancista al que ahora es casi inevitable tenerle cariño) anda en un nivel superlativo. Jugamos bien sin que debuten varios titulares y sin el famoso 9, tenemos variantes. Al fin parece estarse plasmando esa idea de juego que tanto tiempo costó ejecutar, el famoso estilo que los técnicos anteriores lograron esbozar pero que nunca alcanzaron del todo. Y esto se da, irónicamente, con uno de los técnicos más resistidos del fútbol local en el banquillo.

Y digo parece porque esto recién empieza, porque siempre es mejor ir paso a paso que adelantarse a toda esa vida que queda por delante hasta el final de la temporada. Todavía falta jugar los partidos de Copa Libertadores y estos son otra historia. Mientras, disfrutemos de lo que tenemos. Apoyemos a estos jugadores por las alegrías que nos pueden dar, apoyemos si pasan por un mal momento, si las cosas no salen bien. Apoyemos, esa es nuestra misión, las críticas llegarán después de cada partido, en frío, pensando que en la próxima fecha nos puede ir mejor. Eso es lo que se puede esperar cuando hay un trabajo serio detrás y no se apela solo al mito y a la camiseta.

No nos boicoteemos, no hagamos el ridículo, como otros.

(Prensa Sporting Cristal)

Por: Ernesto Arrascue

Minuto 55. Tu equipo recibe el tercer gol en un partido que hasta ese momento, a pesar de la diferencia de dos goles, se podía decir que era parejo. Ganaba el que hasta ese momento era el más efectivo. Decía, recibe el tercer gol y al mismo tiempo le expulsan a un jugador. El peor escenario posible. ¿Cómo reaccionas? Recordemos qué le pasó a la selección peruana en la Copa América y en el partido por la eliminatoria contra Chile, luego de que expulsaran a Zambrano y a Cueva respectivamente. A pesar de que el marcador no estaba en contra nuestra, el golpe se sintió de inmediato. Los resultados ya los conocemos. Huracán no solo perdía, era goleado. Pero se rebeló. No solo con coraje y pundonor, que son muy importantes, sino también con fútbol, con dinámica, con pases bien ejecutados y decisiones muy acertadas. Y estuvo muy cerca de igualarlo

Minuto 55. Tu equipo encaja el tercer gol y el rival se queda con 10. Esperas lo mejor, si esto ya es una goleada, lo que viene será de escándalo. De pronto empieza a ocurrir lo impensable. El rival descuenta, se acerca, juega mejor. De pronto aparecen los fantasmas. Esa noche de febrero del 2006 en Argentina cuando ganábamos por el mismo marcador a Estudiantes. El empate al último minuto contra Paranaense. Los fantasmas de Copas Libertadores pasadas estaban ahí, acechando. Y tu equipo empieza a fallar lo impensable, pases errados, malas decisiones. Al parecer lo peor está por pasar.

No es casualidad. No es algo nuevo. Está pendiente, en general en el fútbol peruano, esa capacidad de no darse por vencido y de sacar lo mejor de uno en el momento más complicado. No solo es garra y temperamento. Es confianza en potenciar lo que mejor uno sabe hacer. Es ser preciso en ese pase que dejará al delantero solo frente al arco. Es realizar los movimientos adecuados para no quedar fuera de juego en un contragolpe. Es soportar la presión y saber manejarla.

No alegra ganar de la manera como lo hicimos el martes, pero sin esos tres puntos, los octavos de final serían un objetivo impensable. Huracán no era un rival fácil. No era la cenicienta del grupo. No. Si este grupo tiene un rival al que todos miraban por encima del hombro, ese es Sporting Cristal. Aunque duela decirlo. Si viene de Perú debe ser fácil, ese es el equipo al que hay que ganar, piensan todos. Pero acá estamos aún. Con vida al terminar la primera ronda. Y aunque lo que viene después en el papel es mucho más duro que los que nos ha tocado jugar hasta acá, tenemos la suerte de que la próxima fecha será dentro de cuatro semanas. Hay un mes por delante para seguir trabajando y mejorando, como viene ocurriendo hasta ahora. Que los goles no llegaban y Silva no marcaba. Pues ya están llegando y Silva empieza a demostrar por qué ha sido contratado. Ahora hay que mejorar en cerrar los resultados, en tener la tranquilidad y las ganas de liquidar partidos para no terminarlos sufriendo como los dos de esta semana que pasó.

Hay tiempo para seguir mejorando, habrá que sacarle el máximo provecho si queremos llegar más lejos. No olvidemos el lugar en el que nos encontramos, cómo nos ven los demás, no cometamos ese error. Por ahora, seguimos compitiendo.

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Por: Ernesto Arrascue

El primer partido perdido de la era Mariano Soso nos enfrenta a una realidad que muchos nos negamos a ver. Algo que trasciende a Sporting Cristal y que va más allá de los jugadores, el planteamiento o la actitud con la que se enfrente cualquier partido de fútbol: el abismo que existe entre nuestra realidad futbolística y la de otros países de la región. Es lamentable y duele, pero es cierto. Mientras que con la Selección Nacional los jugadores que vienen del extranjero logran maquillar un poco nuestro nivel, los clubes peruanos terminan siendo el reflejo de lo que es nuestro torneo local, de la improvisación y el desorden con el que tenemos que lidiar fecha a fecha.

¿Pero Cristal no se supone que es diferente? Si y no. Si, porque está en un proceso de mejora y en un proyecto que abarca todos los ámbitos, desde lo formativo hasta la primera división y no, porque los proyectos no se realizan de la noche a la mañana y los resultados empiezan a verse al mediano o largo plazo. Somos parte de una realidad, aunque sea doloroso decirlo. Es evidente que tiene que notarse una mejora, pero siempre queda la posibilidad de que pasen cosas como esta. Sobretodo cuando se juega ante rivales de tanto nivel.

¿Acaso la culpa no la tienen los dirigentes por no contratar jugadores de nivel como los que tiene el Nacional? Los dirigentes tendrían la culpa si contaran con el presupuesto y no lo hicieran. Las plantillas de este tipo de clubes, que compiten a ese nivel son muy superiores a la nuestra. Por eso cuentan con ese nivel de jugadores. Ahí están FBC Melgar y Juan Reynoso por ejemplo. Hasta hace unos meses el equipo de Arequipa era elogiado y su técnico era la viva imagen de la solución a todos los problemas del fútbol peruano. ¿Por qué no contratan jugadores como lo ha hecho Melgar? ¿Por qué Ahmed no es como Reynoso? ¿Por qué ellos y no yo? Bueno, ahora la realidad es otra. Ese súper equipo tiene 0 puntos en tres fechas, de las cuales dos han sido locales. Creer que los elementos con los que contamos en el mercado local son equiparables a los del extranjero es un error. Hay varios miles de dólares de diferencia.

¿Entonces a quién le echamos la culpa? ¿A Soso y a los jugadores? Sporting Cristal se vio avasallado desde un principio por un equipo muy superior que, sin esforzarse demasiado, lo pasó por encima. El primer gol fue producto de una clara distracción en la marca y cambió todo lo planificado hasta ese momento. Lo que iba a ser un planteamiento conservador se tornó en un híbrido que nunca logró cuajar. Atlético Nacional era muy superior y eso quedaba demostrado en que, cuando querían hacer daño, lo hacían. Ese gol fue un golpe muy fuerte y muy tempranero del que no pudimos recuperarnos. Sin lugar a dudas ellos eran mejores, pero queda la impresión de que algo más se pudo hacer. No supimos reaccionar.

¿Entonces ya mejor nos damos por eliminados de la Libertadores? Por supuesto que no. Contra Peñarol fuimos un equipo superior que no pudo plasmar esto en goles. Peñarol y Huracán son dos equipos muy parejos a los que podríamos sacarles puntos. No va a ser nada fácil, pero ya se demostró que es posible. Además la Copa Libertadores es un torneo largo, que permite a los clubes ir mejorando en sus rendimientos, siempre y cuando esto no se haga demasiado tarde.

Y definitivamente aún no lo es, recién hemos jugado dos encuentros. Hay todavía mucho por competir y por mejorar. Esperemos que este partido sirva para ser conscientes de lo que nos falta y de lo que debemos hacer ante rivales de esta jerarquía. Todavía queda mucho camino por recorrer.

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(Prensa Sporting Cristal)

Por: Ernesto Arrascue

“Si nosotros pensamos que por ganar este partido ya somos campeones nos vamos a chocar contra una pared” dijo Jorge Cazulo en sus declaraciones luego del 4 a 2 contra Alianza Lima en Matute. Cuando la situación daba para el desborde y la algarabía, el “Piqui” puso la cuota de prudencia y moderación. Faltan más de 40 fechas y este resultado aún no nos asegura nada. Alegría sí, porque vimos a un equipo que se enseñoreó enfrentando a un rival que utilizó todos los recursos extra futbolísticos posibles para sacar ventaja, pero que en la cancha mostró muy pocas virtudes. Un equipo que se sintió ganador desde que empezó el año, cuando le hicieron creer que eran los mejores sin haber jugado nada e inflaron sus expectativas sin tener en cuenta lo que realmente importa: el fútbol.

El problema, el error en el que muchos caen, es la desmedida venta de ilusiones, el humo denso y oscuro que cierta parte de la prensa ofrece a los hinchas de algunos equipos con tal de acabar con el tiraje diario de periódicos o lograr más visitas a su página web. Antes de que empiece el campeonato, este equipo de Alianza Lima era imbatible, una máquina de fútbol con los mejores jugadores del medio. Hoy, los hinchas piden la cabeza del técnico y hablan de crisis. Es una reacción esperable si uno creyó en lo que ciegamente se le ofreció semanas atrás. Esa misma fe ciega en un milagro que a muchos les lleva a pensar que la selección nacional clasificará a un mundial solo porque llega tal o cual técnico. Falso. La única manera de mejorar y de cambiar el rumbo del fútbol nacional es con mucho trabajo, siendo consecuentes con la ruta trazada. Y eso Cristal lo viene haciendo ya hace dos años y medio. Los resultados y la diferencia con otros equipos del medio empiezan a ser notorios.

Pero este no es el final, ni nada que se le parezca. Sería un gran error pensar que al mostrar esa amplia superioridad -frente a Alianza– hemos alcanzado nuestro máximo rendimiento. Ni cuando empatamos contra Comerciantes Unidos éramos los peores ni ahora somos los mejores. Aún no llegamos ni a la mitad de lo que aspiramos a ser. Todavía el margen con otras realidades futbolísticas es amplio. Pero vamos en el camino correcto.

Ahora toca enfrentar una de estas realidades abismalmente distintas. Atlético Nacional es uno de esos equipos temibles a nivel continental. Uno de los favoritos a llevarse la Copa. A ese conjunto enfrentaremos este martes, como visitantes y será uno de esos partidos en los que por fin podremos medir, realmente, la capacidad de nuestra escuadra. Un rival que mete miedo pero que tendrá al frente un equipo que trabaja y que en base a eso, ilusiona. Será un lindo encuentro el de mañana.

(Prensa Sporting Cristal)

Por: Ernesto Arrascue

El tiro libre de Carlos Lobatón al minuto 30 del primer tiempo, que Guruceaga manotea y envía al tiro de esquina, fue la sexta posibilidad de gol que tenía Cristal en su debut de la Libertadores. De esas seis opciones, dos de ellas habían sido muy claras, un centro que Rodriguez no llegó a añadir cuando estaba solo frente al arco y un cabezazo de Silva que, pese a no tener incomodidad, envió muy alto. El partido había sido todo del Sporting, no solo en posesión sino que esta vez, a diferencia de lo que venía pasando en el torneo local, sí había generado ocasiones de gol. Sin embargo, fue Peñarol el que aprovechó la única ocasión que hasta ese momento se le presentaba, luego de una descoordinación de la defensa celeste, anotando un gol que, a todas luces, era un premio inmerecido para lo que habían mostrado los uruguayos.

En el segundo tiempo se mantuvo la posesión y el empate llegó casi como un golpe justiciero. Rodríguez esta vez no falló y aunque se merecía mucho más, el empate daba la oportunidad de empezar de nuevo. Al final, lamentablemente, no hubo más. Cedimos dos puntos ante un rival que fue mucho menos que nosotros. Sí, el campeón uruguayo jugó un muy mal partido.

¿Qué fue lo que pasó entonces?

Hay una jugada, un pase, un remate al arco, un movimiento, que los jugadores de la zona ofensiva bajopontina están haciendo mal. Hay una decisión que se está tomando de manera apresurada, un remate que no va al arco. Esa jugada que hace la diferencia entre el ataque improductivo y el gol. Hay imprecisión, todavía.

Cambiar esto va más allá de la responsabilidad del técnico. Es algo que solo los jugadores pueden mejorar y que, casi siempre, se va afinando con el paso de los partidos. Por ahora, la tenemos y no concretamos, pero las ocasiones empiezan a aparecer. Cada vez más.

Lástima, porque hay una ansiedad comprensible por ganar en casa y estos resultados se prestan para la aparición de los que opinan solo viendo el marcador y no el partido. En la Copa Libertadores los puntos perdidos en casa pesan mucho, sobretodo si tenemos en cuenta que aún falta jugar con el equipo colombiano, claramente el más difícil del grupo. A pesar de todo, Sporting Cristal está siguiendo el camino correcto y queda claro que este no se debe cambiar. Habrá que esperar que empiecen a llegar los goles.

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(Prensa Sporting Cristal)

Por: Ernesto Arrascue

¡Lárgate Ahmed! se titulaba un artículo que el periodista Juan Carlos Ortecho publicó luego de que Sporting Cristal obtuviera el título, en el 2014. En él mostraba la poca paciencia y el poco aprecio que algunos hinchas tuvieron (y tienen hasta ahora) con el entrenador argentino (y con su madre), cuando a mediados de año se pedía su cabeza, al mismo tiempo que se le trataba de ignorante y otros adjetivos más. “Para ser entrenador en el Perú hay que tener vocación de piñata” escribía Ortecho aquella vez, una frase que, luego de leer algunas críticas a Mariano Soso después del partido contra Sport Huancayo, cobra vigencia y muestra que poco o nada hemos aprendido de nuestros errores en todo este tiempo. Es más, al parecer en algunos casos los hemos agravado.

Se entiende la ansiedad por ganar, es comprensible también que uno quiera ver a su querido Sporting practicando un fútbol vistoso y derrotando a cuanto rival se le ponga al frente, pero eso no nos puede hacer perder la perspectiva. No podemos querer comparar nuestra realidad con otras que de por sí son lejanas e inalcanzables (luego de dos años de proyecto Cristal debería estar jugando como equipo europeo, leí por ahí, suena bien pero hay varias decenas de millones de dólares de diferencia de presupuesto, en realidad), no podemos tratar de ignorante a un entrenador que recién ha tomado al equipo y que, por más que su presencia implique una continuidad con el técnico anterior, tiene sus propios planteamientos y sus propias ideas, esas que los jugadores deberán ir asimilando y ejecutando mejor conforme pasen los partidos. No podemos insultar a nuestros jugadores como si se tratasen de nuestros peores enemigos. No soy fan de Renzo Revoredo, pero mientras defienda los colores de Cristal desearé que cada partido juegue mejor que el anterior, mientras el técnico lo ponga confiaré en que es la mejor alternativa para el puesto en esa ocasión. No puede ser que lo tratemos como si fuésemos de la barra del equipo rival. Hay formas señoras y señores.

Y porque, como ya escribí alguna vez en esta misma página, por más que sienta que sé mucho de fútbol, que llevo la mayor parte de mi vida amando y siguiendo este deporte como a ningún otro, por más que sienta que mis conocimientos de táctica, técnica y estrategias son mejores que los de cualquiera porque, no sé, nadie me gana en el Pro Evolution Soccer, ninguno de nosotros trabaja 6 o 7 días a la semana con ese grupo de jugadores. Ninguno ve como realiza los movimientos tácticos en los entrenamientos Gabriel Costa, ni cómo se desenvuelve Josepmir Ballón en los partidos de práctica. Ninguno de nosotros dedica tanto tiempo como nuestro actual entrenador a estudiar fútbol. Es más, imagino que ninguno ha sido, al menos, técnico del equipo de fulbito de su barrio. Entonces, démonos nuestro lugar.

Ojalá toda esa energía y ese apasionamiento que utilizamos al criticar, lo pongamos también a la hora de alentar a nuestro club. Ojalá la tribuna del estadio se llene de hinchas que apoyan a su equipo en las buenas y en las malas, con sol y con lluvia, así como mi timeline de Twitter y los comentarios de esta página se llenan de críticas a los jugadores, al técnico y a los dirigentes.

Nadie dice que las críticas no sean buenas y muchas veces necesarias, pero hay maneras de realizarlas y hay ocasiones en las que es oportuno hacerlas. No luego de jugar un solo partido, no cuando esto recién empieza. No hagamos el ridículo nuevamente.

Por cierto, no hablé nada del triunfazo del martes, recomiendo que para eso lean los posts que precedieron a este en esta misma página. Hay muy buenos análisis ahí. Saludos.

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(Prensa Sporting Cristal)

Por: Ernesto Arrascue

Es imposible analizar un partido de fútbol de acuerdo sólo al resultado, o mirarlo solo desde nuestra perspectiva, es decir, de la del equipo que nos interesa, sin tomar en cuenta qué fue lo que propuso el rival, con cuánta eficiencia lo ejecutó y por qué se obtuvo ese resultado. En ocasiones una goleada apabullante resulta engañosa, así como un marcador corto o un empate a cero goles pueden no ser un buen reflejo de lo que se vio dentro del campo de juego.

No quiero decir con esto que Cristal jugó un gran partido y que no haya nada que mejorar. No. En su debut, el equipo de Soso mostró que aún le falta trabajar en movimientos ofensivos, que a sus nuevas incorporaciones aún les falta tiempo de juego juntos y que hay mucho trabajo por hacer en esas líneas. Sobretodo porque un escenario como este se puede repetir: otros equipos pueden encontrar en copiar el esquema defensivo que mostró Huancayo este sábado, el mejor camino para no irse con las manos vacías del Gallardo.

Aunque a esto habría que agregar algo: Los jugadores del equipo rival ejecutaron aplicadamente el cerrojo que el experimentado Umaña había elaborado. Defendieron hasta con nueve hombres la mayor parte del partido y los errores que cometieron fueron mínimos e imperceptibles. Ante una defensa tan cerrada, Cristal no mostró las variantes colectivas o individuales necesarias para abrirla, patear de fuera del área, una de ellas. Y las pocas veces que logró vulnerarla, encontró a un Joel Pinto inspirado y seguro. Cada uno de estos factores sumó y resto para que el resultado final fuera 0-0.

Pero Cristal no fue solo esto, a diferencia de otras oportunidades en las que algunos equipos venían a defenderse a ultranza y luego contragolpeaban con eficacia, esta vez no permitió que le hicieran daño. Fue un equipo que supo recuperar la pelota con rapidez, que cortó a tiempo cualquier posibilidad de ataque, que anuló cualquier idea ofensiva del rival. Esta eficacia en la presión y la marca, convirtió al Sport Huancayo en un equipo que encontró en refugiarse y cerrarse cerca a su área, la única manera de sostener un resultado favorable.

Queda una deuda, cierto. Queda todavía mucho por mejorar -sobretodo en la ofensiva- para lograr ver la mejor versión de este equipo. Esperemos sea pronto. Esperemos, palabra que al parecer muchos no conocemos. Veamos más allá del resultado. Sin ir muy lejos, el año pasado debutamos con un 5 a 0 contra Municipal en el Torneo del Inca y luego no pasamos a la siguiente ronda. Es la primera fecha, sacar conclusiones, a estas alturas, es bastante apresurado.

Por: Ernesto Arrascue

No, acá no encontrarán un meme, no va por ahí la cosa. Lo que ocurre es que en el fútbol peruano las altas expectativas me preocupan, siempre. Me pasa con la selección, me pasa con Sporting Cristal (aunque a nuestro querido club le tenga mucha más fe, por motivos bastante racionales). Creo que, antes de que todo empiece, debe haber un momento en el que nos detengamos a pensar qué pasaría si las cosas no salen como esperamos, en el que dejemos la emoción de lado y nos coloquemos en el caso de qué ocurriría, de cómo reaccionaríamos, si nuestro optimismo y nuestras esperanzas con este nuevo ciclo no empiezan como todos quisiéramos que lo haga.

Me incluyo dentro del grupo de los convencidos de que Mariano Soso mejorará y potenciará el trabajo de Daniel Ahmed y espero, como todos supongo, que con este grupo de jugadores obtengamos este año nuestro título número 18. Pero me preocupa, repito, el inicio del año. Me preocupan los primeros partidos, para ser más específico, me preocupa la Copa Libertadores.

Y es que nos ha tocado un grupo bastante difícil. Atlético Nacional y Peñarol son equipos muy poderosos (sin olvidar que probablemente sea Huracán el que complete la serie) y entre ellos y los campeonatos que disputan hay una abismal diferencia con nuestra realidad. Pasar a la siguiente ronda sería casi una hazaña. nuestro equipo, nuestra plantilla es inferior a la de estos clubes y esto no es culpa ni de los dirigentes ni de nadie: el mercado local y los presupuestos que se manejan en nuestro país no pueden competir con los de otros torneos.

Sporting-Cristal-vs-Tachira

Pero lo que más me preocupa, ante esta posibilidad, es la reacción que nosotros, los hinchas, tengamos al respecto. Si bien debemos pensar en grande, es muy importante que tengamos en cuenta lo que somos en la actualidad, el campeonato del que venimos y que, a pesar de ser la mejor y más seria institución deportiva del país, futbolísticamente aún somos inferiores a muchos otros equipos del continente. Y eso es algo que va a costar un poco de tiempo cambiar, estamos en camino, pero aún falta. Creo que sería un grave error juzgar el trabajo del nuevo cuerpo técnico solo por los resultados que obtengamos en este torneo.

Sin embargo, a pesar de estos momentos en que la realidad me apabulla, tengo las expectativas intactas, y espero que el equipo logre los objetivos trazados. Ojalá estemos a la altura de las circunstancias, sepamos cuándo y cómo ser críticos y que nuestro aliento no decaiga en ningún momento, así las cosas en algún momento no salgan como esperamos. Contamos con una plantilla importante de jugadores, buenos refuerzos, promesas por concretarse y un cuerpo técnico serio y trabajador. Esos son los argumentos que nos deben dar mayor tranquilidad para lo que se viene.

Por cierto, es un verdadero gusto volver a escribir en esta página. Gracias a Chalo y al equipo de ECCQTM por la invitación. Y, por supuesto, a todos por leer.

Hasta la próxima

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Por: Ernesto Arrascue

Casi siempre cometemos el error de no pensar en el rival. Creemos, por costumbre, porque así nos lo han hecho creer durante mucho tiempo, que con mucha actitud y a punta de huevos se pueden conseguir todos los resultados. Actitud, temperamento, garra, corazón, raza. Palabras que son buenas para motivar a un hincha, que son buenas para una campaña publicitaria, pero que no bastan dentro de un campo de juego para vencer al equipo contrario.

¿Por qué?

Pues porque el rival puede poner también garra, huevos etc., etc. y a eso sumarle mejores condiciones físicas, técnicas, tácticas.

No se juega contra once robots, se juega contra once jugadores que quieren exactamente lo mismo, que también quieren ganar. Y probablemente cuenten con más méritos deportivos para lograrlo.

Suele acusarse al jugador peruano de no tener el temple para afrontar ciertos encuentros. En definiciones solemos perder, casi siempre. ¿Y cuando hemos perdido, es porque merecíamos ganar? ¿Tal vez el rival no sería mejor que nosotros?

Línea por línea ¿Es Cristal un mejor equipo que Guaraní? ¿Tenemos un jugador que esté al mismo nivel de Benítez, por poner un solo ejemplo?

No, tenemos un buen equipo para el medio local, pero eso no alcanza, eso está muy lejos del nivel de la Libertadores.

A pesar de todo, a pesar de nuestras desventajas, nadie nos pasó por encima y eso ya es un gran mérito. Cristal se fue de la Copa perdiendo un solo partido. Guaraní, un equipo mejor que el nuestro, no pudo ganarnos y con Racing nos devolvimos los golpes.

No confundamos esto con el tan mentado conformismo, menos con mediocridad. Seamos conscientes de lo que somos y de lo que podemos exigir. Por ahora. Casi ningún gran equipo se ha formado de la noche a la mañana. Menos partiendo de cero. Menos jugando con varios juveniles y teniendo que lidiar contra la mediocridad de un torneo que no presenta un nivel ideal.

No fue una buena presentación en esta Copa. Pero tampoco fue del todo mala. Ya sabemos con qué material contamos a nivel internacional. Ya sabemos qué debemos trabajar para que el próximo año tengamos una participación mejor.

Hay una frase popular que dice que Roma no se construyó en un día”. Bueno, un campeón tampoco. Pero para construir hay que empezar a cavar los cimientos, hay que saber con qué material contamos.

Por ahora sigamos trabajando, sigamos mejorando. No escuchemos a los que nos quieren vender que la actitud es todo en el fútbol. Que solamente con ella se ganan partidos. No, la actitud es importante, pero más importante es formar un buen equipo, que los jugadores alcancen un nivel adecuado para competir a nivel internacional. Por el trabajo que se viene realizando me parece que hacia eso nos dirigimos.

El camino no es corto y mientras lo andamos no queda más que pedir paciencia, mucha paciencia.

Por: Ernesto Arrascue

¿Temor al fracaso? La derrota en Venezuela nos habría dejado, como se dice popularmente, sin soga y sin cabra. Luego de un inicio prometedor, tanto en la Libertadores como en el Torneo del Inca, el rendimiento del equipo fue desmejorando, fuimos de más a menos y terminamos pidiendo la hora, para no quedarnos sin nada, frente a un rival al que se le pudo ganar.

¿Fastidia? Claro ¿Va en contra de lo que es nuestro estilo y lo que proponemos? Desde luego. Pero esta situación, este bajón, tal vez sea entendible si nos damos cuenta que este equipo aún no es la máquina de hacer fútbol que todos quisiéramos que fuese. Me parece que aún seguimos dentro de un proceso de mejora que está lejos de llegar a su nivel más alto. Todavía hay mucho por mejorar y nuestros jugadores no pueden pasar de ser estrellas del medio local a serlo del internacional de la noche a la mañana.

Sabemos cómo campeonamos el año pasado y lo mucho que costó formar el grupo que en diciembre (aún con altas y bajas) nos dio el título nacional. Recordemos esos partidos nefastos contra Comercio y Los Caimanes, rivales que estaban muy por debajo de nuestro nivel y a los que debimos ganarles y no pudimos hacerlo. ¿Un problema mental de los jugadores? ¿Culpa del Comando Técnico? Creo que ni una ni otra. Solo las consecuencias de un proceso en el que no se puede ir de 0 a 100 en corto tiempo.

¿Hemos mejorado con respecto a lo que ofrecíamos a estas alturas el 2014? Desde luego que si. Jugando con un equipo alterno y con muchos cambios nos quedamos a un punto de llegar a las finales en el grupo más parejo del Torneo del Inca. Y en la copa Libertadores hemos hecho buenos partidos, ganándole nada menos que al temible Racing de local. ¿Es este nuestro pico? No creo, como digo hay mucho aún por mejorar, no solo por parte de los jugadores y su rendimiento individual, sino también por parte del comando técnico, que nos ha demostrado que puede plantear muy buenos partidos, pero que también en ocasiones no toma las mejores decisiones, como el martes pasado contra el Táchira.

Si, es fácil hablar después de la batalla. Aunque debe ser difícil estar en los zapatos de fútbol de unos jugadores que saben que un gol los deja sin nada. ¿Es eso una justificación? No, imagino que nadie mejor que ellos para saber que no jugaron un buen partido y que prefirieron especular y cuidar un resultado a salir a proponer. Ahora tienen una gran responsabilidad y deben sacar todas las armas que guardaron. Solo queda una oportunidad y ya no existe ningún margen de error. Solo un resultado nos sirve.

Aún nos es difícil sostener siempre nuestra propuesta futbolística. Pero creo que a eso vamos, que ahí nos dirigimos, que la sostenibilidad de este proyecto, con sus altas y bajas, nos va a dar la confianza que necesitamos para jugar mejor que el martes pasado. Ojalá contra Guaraní, en el Nacional, volvamos a brillar como hace unas semanas.

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