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Chalo

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Fundador y director de "El Cristal con que te miro".

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Los últimos dos goles del partido grafican lo que ha sido Sporting Cristal en estos primeros siete meses del 2017. Mientras algunos trabajan y se fajan por sacar adelante el equipo – y lo hacen de genial manera – vienen otros que con descuido o malicia malogran todo el trabajo y echan a tierra lo avanzado. Irven Ávila ingresó al partido y capitalizó el juego rimense, entró al área y anotó la diferencia a nada del final del partido. Rescató un partido malo para el Rímac. Parecía que nos llevábamos el premio hasta que Christian Ortiz – sin saber si por distraído o por menguado – paró una pelota con la mano en el área rimense y le regaló a Comercio un empate que ya no merecía.

Así ha sido Cristal en este apertura. Por momentos dio muestras de ser el equipo que debía ser y por otros, bastantes, se dedicó a cometer errores absurdos que tiraban por tierra lo avanzado.

De los tres torneos locales del año hemos desperdiciado dos. Es triste llegar al final de un torneo y saber que Cristal no pelea nada. La esperanza se basa, entonces, en lo que pueda hacer el equipo de Pablo Zegarra en el último torneo del año. Se vienen quince finales en las que el equipo se jugará su chance de no haber fracaso rotundamente el 2017.

Recordemos entonces que este fracaso en el Apertura 2017 se inició precisamente el día en que Francisco Lombardi y Michael Debackey pensaron que, habiendo llegado a 4 finales en 5 años y habiendo ganado 3 de ellas, ya no había necesidad de hacer las cosas bien. Con ingenuidad total – queremos creer – pensaron que los campeones habían sido ellos y que no había por qué ponerse serios y trabajar a conciencia. Ahí empezó todo.

En fin.

Hoy apuntan a que Pablo Zegarra gane este clausura para a fin de año volver a preguntar con prepotencia “¿dónde están los que nos criticaban en agosto?” sabiendo que esas personas no estábamos ahí para recordarles que los triunfos deben servir como impulso para saltar más alto y no como cama para echarse.

Esto es lo que pasa cuando, en vez de mística ganadora, es la mediocridad la que se inocula en la cabeza de la institución.

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Juan Aurich es, y por largo, el peor equipo del torneo. Y nosotros lo tuvimos, en varios momentos, contra las cuerdas.  Pero eso no bastó. No basta.

El buen juego tiene mucho que ver con lo que Sporting Cristal muestra. Eso tranquiliza. Hemos sabido ver empates a 0 en los que la visita se iba con un punto bajo el brazo ante la inefectividad rimense. Hemos sabido ver equipos de Cristal que no marcaban un gol simplemente porque no generaban nada. Generar opciones de gol no te garantiza la victoria, pero si no las generas, simplemente no vas a ganar nunca. Hay que generar siempre. Y meterlas casi siempre, también.

Ayer Cristal erró un penal, estrelló dos pelotas en los metales y falló varias otras claras. Se generó parejo. Pero no concretamos nada. Y eso pasa factura, pues. No podríamos decir que Cristal jugó bien. Podríamos decir que lo está intentando pero que no pudimos. Entonces, perdimos la oportunidad de sumar puntos en la tabla pero también perdimos la posibilidad de probar soluciones a futuro. Pablo Zegarra se acompañó en la banca con varios muchachos de la cantera pero el único que pudo saltar a la cancha fue Christopher Olivares. Hubiera sido bueno ver sumar minutos a los muchachos. Sobre todo cuando en la cancha hay varios titulares que no justifican la oportunidad que reciben.

Esta fecha trajo el total cierre de cualquier opción cervecera. El título del segundo torneo del año se va a ir a otra tienda. Cristal termina siete meses del año haciendo, recién, el procedimiento de encontrarse como equipo. Estamos haciendo, en agosto, lo que debimos hacer en febrero. Pero, claro, cuando se empieza el año pensando en las cuatro finales en cinco años, cuando te duermes en tus laureles, pasan estas cosas. Hoy somos el alumno rezagado que parece que va a pasar sin pena ni gloria cuando bien pudo haberse ganado el premio excelencia. Pudimos ser algo enorme y no lo fuimos por las decisiones irresponsables. No hay que olvidarse de eso.

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Que buen partido el de Irven Ávila.

En realidad, el Cholito viene encadenando varios partidos con buen rendimiento. Ayer su cuota de sacrificio y de gol ha sido genial. Avila ha recobrado toda la confianza que fue perdiendo en las dos pasadas temporadas. Ojalá sea el retorno definitivo de un jugador de buen rendimiento que ha sido pilar del equipo en varias temporadas. Por lo demás, hay que resaltar la capacidad del equipo de soportar la carga del visitante – carga tímida, hay que decirlo – sin complicarse innecesariamente.

Cristal demoró en encontrarse dentro del partido y eso nos costó el gol de apertura. Parecía que la historia de la irregularidad se iba a repetir. El gol de Christian Ortiz fue bisagra en eso. Un gol que nos dio el impulso para sacudirnos el marasmo, volver a hacer juego y remontar con rapidez.

Las expulsiones cambiaron todo. Es ambivalente la valoración que nos despiertan ambos laterales que ayer se ganaron la roja. Tanto Jair Céspedes como Edinson Chávez son importantes en sus puestos pero no terminan de cuajar un buen nivel. Siempre hay algo que se critica. Igual, son titulares en sus puestos debido a que la Comisión de Fútbol no tuvo criterio al reforzar esa zona. Si hubieran pensado en las necesidades del equipo mas que en las amistades, habrían podido notar que los laterales son la zona más débil del equipo precisamente porque no tenemos jugadores que puedan competir por el titularato.

Entonces, el sacrificio. Y el héroe. Irven Ávila y sus compañeros se pusieron el overol y cerraron el partido con un gol imposible. ¡Que importante ese gol! Sin él, el penal regalado que Luis Garay le dió al local nos habría quitado un triunfo trabajadísimo. Compromiso, simpleza y tesón. Así terminó ganándolo Cristal.

Los partidos se ganan y se pierden. Lo que debe verse con las tendencias. Cristal vuelve a ganar luego de tres partidos y ratifica una tendencia de crecimiento. Que se mantenga esa tendencia. Por lo pronto, yo quiero que sea ya el próximo partido para volver a aplaudir a Irven Ávila que, también con clara tendencia de crecimiento, es el símbolo preciso del equipo de Pablo.

 

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¡Que buen momento fue la celebración del gol de Rolando Blackburn!

Ese grito concentró varias cosas: la molestia por el juego, por los resultados previos, por las jugadas ineficaces, también la alegría por anotarles a los de Ate, la gran satisfacción de mandarlos a su casa rumiando fastidio cuando poco más y ya estaban por dar vuelta olímpica. Un gran momento, repito.

Y paramos de contar, ¿eh?

Primero porque esto es Sporting Cristal y los empates no se celebran.

Y Segundo porque tampoco es que hayamos jugado bien.

Hay que decir, eso sí, que hemos encontrado al frente al equipo más auténtico de Universitario que yo recuerde. El equipo crema de hoy es un ejemplo de lo que es Universitario: con jugadores que – más allá de que sepan o no con el balón – no tienen ningún empacho en lanzarse de cara a un remate, un equipo que se repliega sin vergüenza y que no tiene ningún reparo en repetir cuantas veces sea necesaria su jugada preferida: revolear la pelota a las tribunas. El equipo del argentino Troglio ofrece y da precisamente todo eso que uno se imagina cuando piensa en el fútbol de ese equipo: se defienden como sea, la lanzan arriba para que algún correlón con suerte haga magia y presionan siempre.

Contra eso, Cristal no hizo lo que sabe hacer. Si tuvimos a un rival auténtico a su historia y esencia, Cristal todavía está en la etapa en que insinúa ser lo que se supone que debe ser. La tuvimos, sí, pero tampoco es que el rival nos la disputara. Su juego es a cortar, no a tener. Jugamos e intentamos, sí. Pero cada jugada y cada intento era, por decirlo, sucio. No se daba esa jugada limpia que – precisa y correcta en tiempo y espacio – permitiera armar un ataque correcto. Los jugadores de Cristal la suelen recibir mal, y por eso se demoran en dominarla. Cuando la dominan, el pase les sale demasiado corto, demasiado lejos, demasiado suave o demasiado fuerte. No es limpio. Y si no llegaron a dominar la pelota, el pase va como cualquier cosa. Así es difícil. Y si a eso le sumas la inexplicable intención del equipo de complicarse en defensa, se aumenta la dificultad. La defensa podría conjurar el peligro sin problemas, dando un pase correcto, abriendo el campo con criterio, lanzando un cambio de banda con habilidad pero, en vez de eso, decide jugar para atrás y complicarse.

Así se complicó una salida y la pelota perdida dio como resultado el gol del rival. Medio gol de Cristal, hay que decirlo, por más que la jugada de ataque fue milimétrica y el remate inatajable. Pero nos la buscamos nosotros mismos, pues.

Cristal tuvo posesión por tercer partido consecutivo pero hay que hacer un alto para evitar confusiones y decir que Cristal no jugó bien. No jugó bien por lo que expliqué: la falta de criterio y precisión. Pero tampoco jugó bien porque no tuvo ideas. Nos pasamos el partido buscando ganar la linea para centrar y dejamos sin aprovechar los espacios que con mucho criterio armaba Irven Ávila. Nos pasamos el juego buscando el hueco para una pared y renunciamos – por tercer partido consecutivo – a buscar el momento para un buen remate de fuera del área. Cristal aún no está.

Que si hubiera estado …. la goleada que habría sido.

La pregunta ahora, con el apertura ahora casi inalcanzable, es cuánto demorará Cristal en estar. Hay confianza en la labor de Pablo Zegarra pero también curiosidad. Al parecer este apertura lo va a terminar como lo empezó a jugar: con el mismo equipo y la misma gente. Quiero creer que es un periodo de estudio y evaluación. Tendremos que esperar al Clausura, entonces, para ver qué es lo que concluyó Pablo y cómo va a hacer para que Cristal deje de insinuar y empiece a ser.

¿Algo más?

Sí. ¿Y si lo metían a Blackburn unos 30 minutos antes? ¿Y si lo metían contra Alianza también?

¿Alto más?

Sí. Celebrar la tregua entre las facciones contrarias de la barra. Fue genial ver un Extremo unido nuevamente. Eso demuestra que los conflictos se superan reforzando puntos comunes y no acentuando diferencias. Ojalá ese mensaje sea recibido por quienes corresponda.

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Luego de pulverizar a Alianza Lima en el partido que nos ganaron, lo último que esperábamos era que viniera nuestra vieja conocida la “irregularidad”. Sporting Cristal, entonces, saltó a la cancha del Miguel Grau y todos esperábamos que veríamos la reivindicación luego del amargo partido del miércoles último. Pero, lo que terminamos viendo fue decepcionante. No podría decir que fue la continuación del partido del miércoles porque, a diferencia de Alianza Lima, Academia Cantolao no sólo nos jugó de igual a igual sino que por varios momentos nos metió en serios aprietos.

Hay aún un gran problema en Sporting Cristal y todos esperamos que Pablo Zegarra ya lo haya visto. Pasa por jugadores, por nombres y ubicaciones. Por rendimientos bajísimos y por elecciones erradas. Se siente la ausencia de un medio campo que tenga ideas y soluciones. El sábado, a pesar de que por segunda vez consecutiva nos encontramos a una defensa cerrada, nadie intentó remates de fuera del área. A pesar de que por segunda vez tuvimos a Irven Ávila luchando contra una defensa que lo supera en tamaño, seguimos intentando con los centros. A pesar de que se nos volvió a para un equipo que cerró espacios en el centro, no hicimos una buena labor ampliando la cancha y aprovechando espacios.

Para ser fines de julio, jugadores como Cristian Ortiz y Joel Sanchez – titulares en el mediocampo de Cristal – no completan un buen partido. Preocupa el bajón de confianza de Luis Abram quien ahora hace recordar al más timorato Diego Penny cada vez que le pasan un balón. Preocupa que Ray Sandoval se frustre con facilidad y caiga, con más facilidad aún, en la jugada anti-deportiva que perjudica al equipo.

Le damos vueltas a la idea y coincidimos en que no hay nada que envidiarle a los planteles que están peleando por el Apertura. No existe motivo que justifique que la Celeste no sea la que esté ahí arriba.

El miércoles se viene el otro clásico, Universitario viene entonado y su prensa lo presenta como favorito. Eso es bueno, tenemos harta experiencia cortando favoritismos de los de Ate. Ojalá retomemos el camino del triunfo y no lo volvamos a perder en lo que queda del año.

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Lo bonito del fútbol es que es impredecible, que hay partidos en los que un equipo inferior puede prevalecer. Anoche Sporting Cristal fue protagonista de esta parte bonita del fútbol.

La derrota fastidia como siempre va a fastidiar un clásico perdido. Pero el partido fue más que el resultado. Fue la forma como, durante casi todo el juego, Sporting Cristal apabulló a su rival. Si el resultado hubiera sido otro estaríamos hablando de un baile de antología. Porque baile hubo, claro, pero el gol esquivo hace que tengamos que hablar de otras cosas.

Cristal empezó frío, hay que decirlo. Muy temeroso e inseguro. Alianza se dedicó a esperar y confió en el contragolpe y la pelota parada. Antes de los primeros quince, el plan les salió a la perfección. Un tiro libre peligroso, una barrera que se abre cuando no debe y una pelota adentro. No hubo derroche de inventiva ni de talento. Fue una jugada tosca y un error grosero. Luego de eso, lo de Alianza fue reducido y lo de Cristal fue apabullante. Con fútbol los arrinconamos y empezamos a fallar goles. Cuando se quedaron con 10, ya hacía tiempo que sólo había un equipo en la cancha.

En el segundo tiempo, Alianza salió a colgarse de los palos. Estaba en su derecho, cada quien hace lo que puede. Pero, la próxima vez que alguien venga a hablarte de la picardía morena, del fútbol de guachita y taco, recordarás que has visto a Alianza Lima colgado de los palos. Ellos lo llamarán “coraje” y terminarán alabando lo mismo que alaba el otro rival, ese de Ate que ha hecho de revolear la pelota a la tribuna un arte y una pasión. Pero, allá ellos, lo que hagan o dejen de hacer importa poco.

Y frente a un equipo reducido, lo único que pudo hacer Cristal fue reducirlo aún más. Desnudarlo hasta mostrarlo como un grupito de gente desesperada que corría de un lado a otro sin poder evitar que el otro equipo – nosotros – la tengamos y la busquemos. Pero buscar no es encontrar.

No encontramos. Eso es lo que pasó. Cuando pudimos encontrar, no estuvimos finos. Al final, Cristal se terminó ahogando en su propio esfuerzo. Carlos Lobatón se fue expulsado, Cristal se frustró y el rival recién pudo salir.

Le faltó poco a este Cristal para dar total cuenta de un equipo rácano y miserable como el que enfrentamos ayer. Equipos que mostraron algo más que lo que le vimos a Alianza se fueron goleados tras visitar a Cristal. Faltó algo más de calma, faltó algo más de paciencia, faltó algo más de criterio, faltó algo más de suerte, faltó algo. Alguito más.

Sin embargo, entre toda la niebla de la derrota queda la tranquilidad de un rendimiento superior. Una impresión que lo de Pablo Zegarra no sólo viene sumando puntos sino que, también, viene sumando juego. Si tan sólo no hubiéramos perdido 6 meses en el proyecto del amigo de los dirigentes y gerentes de la institución. Si tan sólo hubieran elegido con criterio y no con capricho. Si tan sólo hubieran dejado de pensar en sus 4 finales en 5 años y se hubieran puesto a trabajar en serio. Si tan sólo hubieran confiado en capacidad y no en amistad. Si tan sólo volviéramos a ser el club serio que supimos ser y no este club de amigos que somos hoy.

Por eso mismo, a Pablo y a estos muchachos, hay que apoyarlos y alentarlos. El buen juego sostiene campañas, colgarse del arco sólo te garantiza ganar un partido eventualmente. Es por eso que habemos quienes sumamos títulos y otros que suman fracasos.

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Los últimos minutos sufrimos todos. Sporting Cristal no se había tirado atrás, por más que los dos cambios que lanzó Pablo Zegarra para controlar el partido (Renzo Garcés y Frank Ysique) parecía que iban a replegar al equipo pero, igual, el miedo no se disolvió. UTC, por su parte, logró córner tras córner y hasta se las arregló para chocar un balón al travesaño. La diferencia mínima nos alcanzaba para el sueño y terminó siendo suficiente.

Lo de Sporting Cristal no alcanzó a ser tan bueno como lo que se vio en Huaraz pero sí ha sido mejor que lo que se vio frente a Deportivo Municipal. Incluso, por momentos, se vieron arranques de juego vistoso y criterioso. Sin embargo, quienes son responsables del momento y de la asistencia en las tribunas fueron Ray Sandoval e Irven Ávila.

Sobre este par de moda en Cristal se dice que Pablo Zegarra los ha “convencido”. Yo no dudo que hay mucho de eso pero me niego a limitar todo a un tema de “convencimiento”. Hay también trabajo de fútbol. Hay jugadas preparadas que hacen que ambos vayan intuyendo las jugadas de su compañero. Todo eso producto de un ambiente más distendido en La Florida. Todas las fuentes, todas, hablan de la diferencia con la tensa etapa de ‘Chemo’ del Solar. Con Pablo, por lo pronto, parece haber regresado la alegría del juego y, con ella, los resultados.

Cristal va acercándose cada vez un poco más a aquello que todos pensábamos que podía – y debía mostrar. Va siendo un equipo con una idea clara de juego y formado por jugadores de buen pie que no deberían encontrar mucho problema en jugar bien.  Llevamos 10 puntos de 12, invictos en 4 partidos. Hoy viene un reto mayor: El clásico. Alianza es un rival de fuste no tanto por su presente sino que es el rival que es. Si logramos sortear con éxito este escollo, podríamos enrumbar a luchar el título casi perdido del Apertura. Si no lo hicieramos, quedará la tranquilidad de que se recuperó el rumbo antes de que fuera demasiado tarde.

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Qué ganas de decir que este ha sido el mejor partido de Sporting Cristal en mucho, mucho tiempo. Qué ganas de reconocer la valía de la dupla de atacantes que, por segundo partido consecutivo, se entendió bien en los goles. Qué ganas de resaltar el cambio de actitud. Qué ganas de reconocer que en el Rosas Pampa se vio más de lo que se insinuó el pasado miércoles en el Gallardo frente a Deportivo Municipal, eso el juego a un toque, con más rapidez y certeza. Qué ganas de apuntar errores recurrentes porque ahora parece que, de verdad, existe la posibilidad de corregirlos. Qué ganas de resaltar que, a pesar de tantos meses de malas decisiones de parte de la dirigencia, este equipo de Pablo lucha para regresar a ser Sporting Cristal. Qué ganas de resaltar la peculiaridad de que este buen partido se dé justo en la cancha en la que, a inicios de año, empezamos a perder el rumbo.

Pero, justo cuando uno quiere sonreír y aplaudir este buen partido, justo cuando uno quiere desear con todo corazón que este rendimiento se repita el próximo domingo frente a UTC, recuerdo que luego de The Strongest en La Paz se dijo que ese resultado sufrido en altura no permitía analisis porque… la altura no te permite analizar partidos.

Bueno, entonces, ¿por qué habríamos de analizar este buen partido? Coherencia, ¿no? Si los malos partidos no nos daban para sacar conclusiones, ¿por qué los buenos sí?

En fin, habrá que quedarse con las ganas.

 

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(foto: clubsportingcristal.pe)

Dejemos un momento de hablar de Henry Gambetta. Lo del árbitro fue malo, sí, pero tampoco fue tan malo como lo que pasó en el partido contra Ayacucho FC. Y además porque lo que interesa es que Sporting Cristal regrese a la senda del buen juego. Hablar del árbitro y no de lo pobre que es lo del Cervecero es desviar el debate. Que si estuvieramos jugando una barbaridad y el árbitro nos hace perder los puntos sería una cosa. Pero eso no es lo que está pasando. Estamos jugando mal y ese es el verdadero drama. Lo de Gambetta es accesorio.

Hay una sensación que compartí durante el partido y que me parece que grafica lo que fue el partido contra Deportivo Municipal: aún estando 2 a 0, no daba la sensación de que pudieramos manejar el partido. En realidad, lo que se veía en la cancha del Gallardo demostraba lo contrario. Era Municipal quien dominaba y la posibilidad de que descuente, iguale o hasta voltee el marcador era inminente. Cuestión de tiempo. Cristal anotó dos goles pero en todo el partido estuvo mas cerca el gol de la visita que el nuestro.

Eso no quita que se haya notado una intención de rotar el balón con mayor rapidez y algo más de criterio. Pero ese es un logro que se debe ver en los amistosos de pretemporada, no en partidos de mitad del campeonato. El equipo está aún intentando frenar su involución y hasta ahora no lo logra. Aunque parece que esta empezando a bajar la velocidad con que retrocedemos.

Otra cosa que advertí es la falta total de mediocampo. Todos los jugadores de ese sector están debajo de un nivel de competencia. No digo de su nivel personal porque puede malentenderse. Si el nivel usual de estos jugadores es alto, estar debajo de su nivel puede dar a entender que aún tienen un nivel que les permite competir. Pero ese no es el caso. Hoy en Cristal, todos los jugadores del mediocampo están en un nivel inferior al mínimo para la competencia. Ni Joel Sánchez ni Josepmir Ballón ni Christian Ortiz ni Gabriel Costa ni Carlos Lobatón son lo que solían ser – o lo que se esperaba que fueran. Súmale que Horacio Calcaterra está lesionado y no es opción y que Pedro Aquino se fue. Así es difícil. Un equipo sin mediocampo no tiene como generar y lo que genera es débil, previsible, enclenque.

El empate molesta por lo súbito que fue pero no es, bajo ningún punto de vista, injusto. Por el contrario, si las cosas no se hubieran dado como lo hicieron sino de una forma más lógica, quizá deberíamos estar mas bien conformes por haber evitado que un rival que mostró superioridad de juego no se fuera victorioso del Gallardo. Así estamos. El hecho mismo de que, luego del 2 a 0, Pablo Zegarra decidiera mandar a Renzo Garcés al mediocampo defensivo para intentar cerrar el partido es clarísimo. Lo vió el, lo vimos todos. Había que agradecer el regalo que teníamos y procurar defenderlo. No pudimos.

Y a los que pensamos que el camino para revertir este mal momento era corto, nos cayó un baldazo de realidad. El camino que hay que recorrer para volver a ser un equipo que compita en este torneo que tanto criticamos es aún largo. Curioso, pasamos medio año diciendo que somos demasiado buenos para un torneo tan bajo y lo único que logramos – en vez de empezar a competir en torneos de mayor desafío – es perder competitividad hasta en el ámbito local.

Pero, claro, jugamos tres finales en cinco años. ¿Así es como va la frase, no?

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¿Cuánto podía haber cambiado el equipo en una semana?

En la expectativa de todos, el cambio no sólo iba a darse sino que, además, iba a ser radical. Íbamos a ver otro Sporting Cristal, otro equipo, otra formación. Pero esa expectativa era vana. Para Pablo Zegarra, y hay que coincidir con él, hubiera sido irresponsable mandar un equipo totalmente distinto al que venía jugando. Y lo hubiera sido porque ya habíamos perdido bastantes puntos y ganar era imperativo por diversas razones: Para acabar la mala racha, para no rezagarse en la tabla, para empezar a recuperar puntos con miras a meternos en la competencia por el Apertura. Todo eso. Y entonces, no es momento de desarmar sino de empezar a trabajar con lo que se tiene.

No ha sido sorpresa que el equipo que mandó a la cancha del Gallardo se pareció más a lo que ‘Chemo’ del Solar venía haciendo que a lo que, según diversos conocedores, se había practicado en La Florida. Ni Jorge Cazulo regresó al mediocampo – por citar un cambio – ni los juveniles del equipo de reserva hicieron el salto al primer equipo.

En esa misma lógica, el juego de Cristal no se diferenció mucho. Si cayéramos en la contradicción y abrazáramos el mismo optimismo que rechazamos cuando Del Solar estaba en el banco, podríamos decir que se vieron aires distintos en Cristal: Que la actitud, que el sistema, que la idea. Pero, la verdad, Cristal siguió sin jugar bien. Tal vez se le vio menos confundido que en partidos anteriores pero tampoco estuvo claro ni contundente. Por el contrario, fue Ayacucho FC quien jugó mejor y quien se vio derrotado por jugadas afortunadas del ‘Cervecero’ y por un pésimo arbitraje que los perjudicó totalmente. Si reclamamos cuando nos perjudican, no podemos celebrar que nos favorezcan. Este tipo de cosas nos hacen más daño que bien porque nos engañan.

Haríamos mal, entonces, en pretender sacar conclusiones – ni para bien ni para mal – de este partido. Tendremos que esperar aún unas semanas para ver la mano de Pablo.

¿Algo más?

Sí. Bueno lo de Irven Avila que, sin llegar a su nivel, va volviendo a ser un delantero que preocupe. Todo lo contrario a lo que nos ofreció Gabriel Costa, que lleva varios partidos con la cabeza caliente y restando al equipo.

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