Bajo la Piel Celeste: Historia de un reencuentro.

Bajo la Piel Celeste: Historia de un reencuentro.

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Por: Kreuza del Campo

He pasado mañanas y noches enteras esperando este momento. Han transcurrido exactamente cuarenta y seis días desde la última vez que nos vimos, los he contado todos y cada uno de ellos.

Aquella vez terminamos llorando, es cierto. Fue una despedida amarga, creí que te diría adiós sonriendo, pero te fuiste entre lágrimas y yo, sin valor para verte sufrir, lloré contigo.

Esa tarde en Arequipa creí que festejaríamos una vez más como tantas veces lo hemos hecho. Nunca te lo dije, pero tenía todo listo para tu regreso a casa: una mesa grande, comida, adornos, orquesta y fanfarria. Pero no contaba con el destino, aquel cruel destino que no me dejó más alternativa que decirte adiós, así, al vuelo.

Durante este mes y medio de ausencia, me las ingenié para saber de ti. No puedo vivir sin indagar cómo estas, qué piensas, con quién pasas tus días. Espero que hayas olvidado lo de diciembre, porque yo lo he hecho, para mí es historia.

De ti y de mí juntos, solo recuerdo lo bueno. Recuerdo Arequipa, sí, pero no la última vez que nos vimos, sino el veintiuno de diciembre del 2005, en el que fuimos felices. Ese día lo recuerdo como si fuera anoche.

Entonces vienen a mi mente las arengas, las carcajadas, los abrazos interminables, los aplausos ensordecedores, tu locura hermosa, mi embriagada alegría. Bajo ese cielo serrano, tú y yo fuimos uno.

Hoy, te vengo a ver con ganas de recrear esos momentos.

Y estoy aquí sentada aguardando que salgas. Hace una semana no puedo dormir bien, soñando este instante. Quiero abrazarte, besarte, decirte lo mucho que te quiero…

Sales a la cancha, no puedo controlar mi alegría, me levanto de súbito, aparentemente mi corazón se levantó primero. Aplaudo a rabiar hasta que el resto se canse, comienzo a cantar, qué lindo es estar juntos de nuevo.

Yo sigo siendo la misma, pero tú inevitablemente has cambiado; no es solo lo vivido el año pasado, hay más. Esta primera vez pareces nervioso, siempre es así cuando nos separamos. Con el paso del tiempo, partido a partido, te vas soltando, vas siendo tú, comenzamos a hablar el mismo lenguaje de nuevo.

Yo lo sé y aguardo en silencio, te doy tu espacio, confío en ti cien por ciento. Quiero callar algunos gritos de la tribuna; me gustaría explicarle a esos hinchas confundidos que el amor no presiona, no condiciona, no advierte; pero estoy tan ocupada en ti, en observar tus movimientos, que dejo pasar la impertinencia, me concentro en tu juego.

Sesenta y un minutos de partido y el grito ahogado en el pecho retumbó el Nacional entero. Succar y sus veinte primaveras rompieron el hielo imaginario entre nosotros e inmediatamente nos reconocimos, somos los de siempre: tú, la razón de mi vida; yo, el motivo de tu esmero.

Y en el momento más álgido de nuestro amor, cuando nos abrazábamos, el Pincel nos regaló un poema. Una de esas composiciones a las que siempre nos tiene acostumbrados, un soneto de amor a la redonda, la bienvenida perfecta, puras rimas de gloria.

El resto es historia, ni aquel gol magnífico de Cepellini podría opacar lo nuestro. Ya somos uno otra vez, fundidos en la nueva piel del guerrero.

Vuelvo a casa pensando en nuestro próximo encuentro; recién nos dejamos y ya quiero verte. Quedan solo seis días, ciento cuarenta y cuatro horas para demostrarte una vez más lo mucho que te quiero.

Nos vemos en casa mi querido Sporting, soñaré contigo.

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4 2010

12 COMENTARIOS

    • Qué lindo! Ése básicamente era el objetivo, llegarles al corazón a los verdaderos hinchas celestes como tú! Salud celeste!

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