La Reserva: Sporting Cristal 0 (5) – Universitario 0 (6)

La Reserva: Sporting Cristal 0 (5) – Universitario 0 (6)

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Sporting Cristal llegó a jugar la final de este primer torneo de reservas luego de hacer una gran campaña en su grupo. Tras un inicio bastante flojito en cuanto a resultados, impuso condiciones y llegó a articular una seguidilla de casi 10 partidos sin perder. En la tabla acumulada obtuvo más puntos que el resto de equipos. Tenía el derecho de disputar una primera alegría. El rival también hizo lo suyo, a su manera.

El partido entonces, se mostraba interesante y obtuvo un marco de público inusual para un torneo de reservas desde que éstos se empezaron a disputar.

Cristal perdió el trofeo en definición de penales. De esa tanda de penales se recordarán las dos buenas tapadas del arquero rival que contuvo los disparos de Alexis Cossio y de Franz Vasquez. Se recordará también la providencial tapada de Carlos Grados que nos dio vida cuando la suerte parecía tirada en nuestra contra y, también, la mala elección – y la mala ejecución – de Brian Bernaola al querer picar un balón y hacerlo mal. Sobre este último punto sólo diré que la decisión de picar un penal, al igual que la decisión de patearla fuerte al medio o de colocarla a un costado, es una decisión válida. El problema no está en picarla. El problema está en picarla y hacerlo mal, así como si en vez del patadón al medio te saliera una pelota mansita a rastrón. Bernaola decidió pero ejecutó mal, muy mal, y ese fue el problema.

Pero, si bien la definición por penales servirá para que la prensa y los del frente sigan inflando sus propios inventos, a mi lo que me interesa más es lo que se vio en los 90 minutos del partido que terminó 0 a 0. No te digo los 30 suplementarios porque durante esos minutos ambos equipos llegaron sin piernas y lo que se vio no resiste el análisis. El resultado de los penales incomoda y mucho. Pero – como siempre – en menores y, por lo menos en Sporting Cristal, en reservas lo que interesa más es la formación y no tanto el resultado. Nos interesa ganar, sí, pero mas nos interesa formar jugadores que consigan triunfos en el primer equipo, aquel que sí está dedicado íntegramente a la competencia.

Y, tomando en cuenta lo visto, tendremos que concluir que Cristal no jugó un buen partido. Fue, incluso, uno de los partidos más bajos que le he visto a este equipo de reserva y desde ahí estamos en un problema. Estamos en un problema porque esto era una final y las finales – jamás – se pueden jugar mal.

Fue poco lo de Cristal en ataque. Se mostró sin ideas ni recursos, dubitativo y errático, sus jugadores tomaron decisiones de juego incorrectas y en más de una ocasión fallaron técnicamente causando bloopersofensivos que también resultan imperdonables. A un jugador profesional de fútbol que quiere rematar al arco no se le puede pasar la pelota entre las piernas y terminar pateando el aire. Ya,  eso sucedió dos veces ayer.

En defensa tampoco estuvimos solventes. Si bien por el medio cubrimos bien, el rival no se cansó de entrarnos por los costados. Especialmente en el segundo tiempo tuvieron varias oportunidades que no terminaron en gol en contra por dos motivos: la buena fortuna y el gran nivel que mostró Grados.

Precisamente Grados y, cuando entró, Alexander Succar fueron los valores más altos de este equipo. Y lo de Succar fue conmovedor porque inyectó un nuevo aire, una nueva intención, dejando de lado su posición de nueve y bajando a luchar balones y a recuperarlos. Intentó asociarse y crear oportunidades.

Pero así como hubo nombres a rescatar, también hay otros que mostraron un nivel que no fue lo que se esperaba de ellos. Willyam Mimbela, que fue contratado el año pasado para jugar en primera y que en muchos partidos de este equipo fue vital, ayer se mostró demasiado errático. Quiso ponerse el equipo al hombro en el primer tiempo pero para el segundo simplemente se equivocó en todo lo que pudo. Beto Da Silva jugó al trote. Nadie discute su gran capacidad técnica pero ayer mostró una falta de compromiso y una frialdad con el equipo que explican en mucho la falta de contundencia arriba. Abandonó el campo luego de ser golpeado y cuando ya hacían varios minutos que mostraba poses de estrella que no se condicen ni con el rendimiento que mostró ni con el poco camino que lleva recorrido. Un jugador que recién acaba de salir de jugar Copa Federación y que está alternando en la Reserva no puede tener esas actitudes por más calidad técnica que tenga. La historia de Cristal está empedrada de grandes jugadores de menores – cracks – que no soportaron el salto a primera. Hay que ver esos ejemplos para no repetirlos. Edinson Chávez confirmó su tendencia a esconderse en partidos picantes. Lleva 3 años en la plantilla y si el 2012 se escondía en partidos  del primer equipo y eso era entendible, no lo es que lo haga en el 2014 en partidos del torneo de reservas. Mencionaremos también a Alexis Cossio que luego de su genial 2013 aún no recupera el nivel y Ray Sandoval que, ubicado lejos del arco rival, tendió también a esconderse.

Pero, claro, estos errores no los descalifica como jugadores en absoluto. La crítica debe hacerse – y tomarse – con miras a ver a estos mismos muchachos alternando en el primer equipo de Sporting Cristal con éxito. Es bueno que hayan cumplido una campaña admirable, es bueno que conozcan la presión de una final y – sobre todo – que conozcan en carne propia que la camiseta Celeste exige no cometer errores. Que juegos – más que resultados – como el de ayer son inadmisibles. Que en Cristal – y menos aún contra ese rival – las finales se deben jugar con mas calidad aún que los otros partidos y se deben ganar haciendo derroche de fútbol.

También hay que llamar la atención que el juego del equipo dejó mucho que desear. Se entiende aún lo de la transición rápida de defensa a ataque y todo lo demás. Pero ayer se vio un equipo que decidió jugar a la contra y que jugaba la pelota más “sacándosela de encima” que administrándola con criterio. En el primer tiempo Cristal casi no elaboró y en el segundo elaboró algo más. Lamentablemente, a pesar que esos fueron los mejores momentos de Cristal, fueron escasos y no lograron nivelar un partido que el rival jugó mejor.

El balance final nos dirá que el rival nos superó en diversos momentos del partido y por eso nomas el resultado podría ser justo. La mirada en perspectiva nos demuestra que a nivel de reservas se viene mostrando – año a año – un desarrollo constante y progresivo pero que aún falta mucho, mucho, para que un equipo de reservas rimense muestre el nivel que todos queremos ver y, sobre todo, que sepa imponerse con carácter frente a los rivales clásicos. Si hay algo que genera una mancha en la gran campaña de este equipo son los últimos partidos que perdió: Alianza Lima y Universitario.

Felizmente aún es mayo y tenemos algunos meses para poder lavar esa mancha y tomarnos la revancha por la alegría que se perdió ayer.

¿Algo más?

Si. Hacer hincapié en que el resultado no desvirtúa ni la campaña ni el proyecto de fútbol formativo. El camino es largo y los errores se deben cometer en estas instancias.

¿Otra cosa?

Si. La amargura no va a querer tomar este dato en cuenta pero hay que tener presente que Cristal ha llegado a estas instancias con un equipo que tiene un promedio de edad sensiblemente menor que otros.

¿Lo último?

Que orgulloso se siente uno en la cancha del Nacional cuando, en un partido de reservas jugado un día de semana y ante un rival que no pierde oportunidad para traer violencia y agresión a donde vaya, levanta la mirada a la tribuna y ve cantidad de camisetas celestes aplaudiendo y alentando. Es fácil ser uno mas del montón y gritar cuando gritan todos. Es meritorio decidirse a ser distinto, ser minoría ante las masas y pararse con orgullo y gritar al cielo tu amor. Es meritorio saberse minoría y gritar aún así tu canto se pierda entre tanta bulla. Mi aplauso va para toda la hinchada que fue ayer al Nacional tanto a occidente como a sur. Uno se siente orgulloso de compartir esta paSCión con esa gente linda.

El Sporting es así. Se le lleva en el corazón y esa hinchada se merece ser campeón.

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