La Cancha: José Gálvez FBC 0 – Sporting Cristal 2

El final del partido motivó un suspiro de alivio. Alivio porque estuvimos muy cerca de que la pesadilla recurrente de este año se vuelva a dar. Alivio porque pudimos sacar adelante el partido y logramos dar un paso más en nuestro objetivo de lograr el título y porque cada resultado positivo no hace sino darle alas a nuestra ilusión.

Pero, aunque en los recuentos de fin de año sólo quede registrado que volvimos a ganar en Chimbote luego de cuatro años y con un marcador de 2 a 0, nosotros debemos tener presente y mantener viva la preocupación que sentimos durante este partido. Debemos recordarla para no volver a cometer los mismos errores.

Veníamos de dos partidos en el que, por caer en la sobradera, terminamos con resultados incómodos. Sporting Cristal salió en Chimbote, entonces, a imponer su juego. Y vaya que lo impuso. Desde el primer minuto del partido se hizo evidente que José Gálvez y Sporting Cristal son equipos que están en niveles diferentes. Los chimbotanos hicieron poco en ataque y en defensa se vieron continuamente superados por un ataque cervecero que hizo gala de juego y de ideas. Es más, el primer gol no tardó en venir porque a los 11 minutos Junior Ross remató bien un balón centrado con criterio por Irven Ávila y astutamente dejado pasar por Renzo Sheput. Ross vino desde atrás, aprovechando la nula marca chimbotana y remató a placer. Uno podía pensar que se venía un buen resultado rimense.

(foto: https://twitter.com/S_Cristal_)

Pero no fue así.

Durante la transmisión del partido, se dijo que el arquero chimbotano se hizo inmenso y por eso el arco del local se salvó de caer en varias oportunidades. Yo conté, en efecto, unas tres intervenciones oportunas del arquero pero, la verdad, conté más ejecuciones erradas de Sporting Cristal en ataque. Acá, creo yo, hay que hacer una diferenciación. Una cosa es cuando el equipo llega al área pero no tiene ideas sobre cómo mandar la pelota al arco. Nos ha pasado varias veces. Otra cosa es cuando el equipo llega y tiene ideas para lograr la diferencia pero no lo termina haciendo por errores en la ejecución de esa idea. Eso fue lo que pasó ayer. A la distancia me da la impresión de que existe demasiada ansiedad en los goleadores de Sporting Cristal. Ansiedad o desesperación que les quita la tranquilidad a la hora de definir. Falta esa fracción de segundo en la que ellos deciden ejecutar la oportunidad de la mejor manera.

Porque el equipo llega, genera, deja al delantero en posición de gol y es éste el que ejecuta mal inclusive jugadas que los hemos visto varias veces terminar de la mejor de las maneras. O bien se elige lo más fácil y se termina pateando al bulto haciendo figura al arquero, o bien se toca de nervios y busca el pase, o bien quiere asegurar en demasía y hace una gambeta de más o termina mandandola afuera en su intento por buscar el palo más alejado.

Cristal genera, genera mucho, pero concreta poco. Y eso es para preocuparse porque, si bien hay que reconocerle el orden táctico y la idea de buen juego al equipo – y eso es obra del técnico, hay que reconocerlo – de poco valen ellos si no se refleja la diferencia en el marcador. La experiencia demuestra que un equipo puede perder jugando bien y si bien eso es un paliativo a la hora de hacer evaluaciones, no nos acerca a los objetivos.

El segundo tiempo fue distinto. Noté en Cristal, más bien, el error de pensar que el rival iba a salir igual de débil. Al contrario, Gálvez salió con la actitud de no dejarse avasallar y además metió un cambio. Cristal pensó que todo iba a ser igual y esa diferencia de ideas se notó ni bien empezado el segundo tiempo. Cristal siguió encontrando espacios y oportunidades en ataque pero empezó a sufrir atrás donde Jesús Álvarez no se dio abasto para llegar a todos lados y terminó cometiendo penales.

Nada le hubiera costado a Gálvez convertir aunque sea uno de los dos penales que tuvo. Y con esa pequeñísima diferencia, todo el buen juego que se pudo mostrar hubiera quedado en segundísimo plano. Nadie habría hablado del orden y de la idea, todo se habría agotado en cómo no anotamos y cómo nos terminan anotando. Nadie hablaría de la suerte del campeón sino que se habrían reproducido – como luego del último partido en Cusco – las voces en contra de los jugadores y el comando técnico. Así es la vida. Si no terminas concretando las ventajas, luego la diferencia entre el cielo y el infierno termina siendo un momento ínfimo, un detalle deleznable.

(foto: https://twitter.com/S_Cristal_)

El último penal que le permitó a Cristal poner cifras definitivas, más bien, parece una anécdota. Cristal creó casi una decena de oportunidades y sólo pudo anotar mediante penal. Sólo pudo anotar en una situación en la que el jugador sí cuenta con el tiempo y la tranquilidad de pensar a dónde mandarla y no se enfrenta a la premura de tener que definir rápido, con el arquero achicándole el ángulo y los defensas lanzándose a sus piernas. Juan Carlos Mariño lo pensó, corrió lento a la pelota, hizo el amague y la colocó suavecita a un costado. Si tan sólo se tuviera esa misma sangre fría en los minutos anteriores, hoy estaría comentandoles una goleada.

Este partido, entonces, deja luces y preocupaciones. Las luces son que volvimos a quedar sólos en la punta y ya nos aseguramos un lugar entre los dos primeros de la temporada regular. Eso quiere decir que vamos a ser cabeza de grupo para las liguillas y que, por lo menos, con uno de nuestros dos seguidores no nos vamos a enfrentar. La segunda luz es que nos bajamos a Gálvez del cuarto al quinto lugar y que el cuarto lugar ahora está ocupado por Juan Aurich que nos lleva 10 puntos. Si en el sorteo de las liguillas no nos sale sorteado el 3° sino el 4°, podríamos estar entrando a la segunda fase del torneo con una buena diferencia de puntos que nos permitan ir con más tranquilidad a jugar el play-off final.

Las preocupaciones pasan por dos lados. Primero, nos volvimos a quedar sin centrales. Nicolás Ayr se tuvo que ir cambiado por que le recrudeció la lesión que lo alejó las semanas anteriores y Jesús Álvarez sumó su 5° amarilla y no podrá estar frente a Aurich. ¿Quién marcará a Tejada?

Segundo, el déficit en anotar. Por que de muy poco nos sirve dominar los partidos si no podemos crear diferencias. Luego, en partidos como estos, terminamos angustiados – o entristecidos – buscando lograr aunque sea un gol o queriendo ponerse a defender como oro el único que conseguimos.

Lamentablemente esta seguidilla de partidos no permite los trabajos semanales ya que los planteles apenas si tienen tiempo de recuperarse y ensayar la formación y la estrategia para el siguiente partido. Cuando empiece la liguilla, se acabará este periodo frenético de dos partidos por semana y, por fin, el equipo podrá entrenar con tranquilidad. Hay que volver a ajustar la definición. No hay otra.

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