El Chorri no se va (versión 2.0)
El Chorri tiene mala suerte para las despedidas. La vista de un Nacional ralito me hizo recordar cuando, en 1996, el club le organizó una despedida apurada antes de que se vaya a México. Fue un evento casi familiar jugado un día de semana a las 3 pm en el entonces Estadio San Martín de Porres (hoy flamante Alberto Gallardo). La asistencia fue pobrísima y el Chorri dejó su casa entre aplausos de poca gente. Yo pensé, y sigo pensando, que el Chorri se merecía más que eso.
Pero, también hay que dejarlo en claro, este partido de ayer no fue pensado para que el Chorri se de un baño de multitud. Desde que uno ve que el precio de una entrada a occidente intermedia está la friolera de 150 soles, se hace evidente que lo que menos interesaba era llenar el estadio. Un hincha me comentó, con acierto, que con ese monto puede pagar 6 partidos a oriente en el Alberto Gallardo. Este fue un evento comercial que buscó aprovechar la coyuntura y obtener un beneficio con la efemeride y, te soy sincero, no hay absolutamente nada de malo en eso. Y creo yo que, viendolo de un modo empresarial, la noche debió salir redonda: hartas modelos, hartos invitados, una transmisión exclusiva en televisión por cable e incluso con el programa “cajón de sastre” dedicado al tema, harta publicidad en televisión, hartos sponsoros. En publicidad nomás, el negocio estuvo parado, me imagino. Y como el calor popular no rinde dividendos inmediatos, fue lo más descuidado por la organización. Entradas caras, poca publicidad, una estrategia de márketing equivocada. Con decirte que la empresa organizadora prestó más cuidado en acreditar medios de espectáculos que en hacer una labor pulcra en la identidad de los medios deportivos cerveceros, te grafico todo.
Y además, también hay que sumarle, que somos un país conocido por su mala memoria y su ingratitud.
Pero a pesar de todo eso, hubo su gente. ¿Y quieres que te diga algo? La mayoría: hinchas de Cristal. No habían tantas camisetas como cuando juega el “Más Querido” pero sí había su gente cervecera incluyendo una barra en popular sur y otra en oriente. Por eso hablaba de una equivocada estrategia de márketing ya que se quiso vender el evento como si sólo fuera de interés nacional cuando el público a que debían apuntar éramos nosotros, los celestes. En fin. Yo creo que el Chorri sabía todo esto y, al igual que todos nosotros, no va a medir el cariño que se le tiene en función a este partido sino, más bien, lo hará en función de lo que se vio en la Noche de la Raza Celeste donde 35 mil celestes se reunieron para aplaudirlo principalmente a él.
Pero, más allá de todo eso, el espectáculo estuvo bien bonito. Emotivo y entretenido. Desde la genial coreografía que presentó una escuela de danza local en el que se narró la historia del Chorri y que contó con bailarines enfundadas en lindísimas camisetas celestes y en el que estandartes con nuestro escudo entraron a la cancha del Nacional bajo las notas del “We are the Champions”. Detalle que a un cervecero le hace inflar el pecho y que, estoy seguro, nadie más va a mencionar. La envidia, pues. Las camisetas celestes dieron paso a camisetas nacionales que completaron un buen espectáculo. El unico tema que no me dejó satisfecho fue el uso en un momento de una versión de nuestro himno en ritmo de música negra y con las letras cambiadas. Yo sé que, como canción, el himno es una canción bonita, ligera, pegajosa y con sentimiento. Pero es un símbolo y creo que debería respetársele ese hecho. Aunque, no lo puedo negar, sonó muy bien.
Eva Ayllón tomó el centro del escenario y cantó tres canciones de su repertorio y, también, una versión agradable del himno nacional. Luego el fútbol. Fue un partido de amigos y por eso las alineaciones, sistemas, estrategias y todo lo demás no importa. Terminó 6 a 2 como pudo terminar 10 a 10. Uno se dio el gusto de ver a Valderrama, Zamorano, Cueto, Jorge Soto y al Chorri en una cancha. Y, como si fuera poco, en el medio tiempo hubo un genial espectáculo de cajón peruano.
Al final la vuelta olímpica del Chorri y los homenajes del Real Madrid y del FC Barcelona. El reconcimiento a un grande, el aplauso. Un buen espectáculo, no se puede negar.
Pero, si me dejas con una reflexión, yo creo que para nosotros los celestes esta segunda despedida del Chorri es pura anécdota. Simplemente porque el Chorri no se va a ir nunca. El Chorri es el ídolo de la época más gloriosa del club, de la época de cuando dejamos en claro que somos diferentes y mejores, de la época en que nos hicimos populares. El Chorri, además, fue el ícono peruano y siempre fue y es celeste. El Chorri está tan dentro de Sporting Cristal que su historia y su leyenda no se va a ir nunca y va a estar presente siempre. Su homenaje va a ser eterno, mientras exista un hincha celeste, porque siempre se le va a recordar como el ídolo que es.
Al Chorri no se le despide, se le celebra. Así como vamos celebrándolo años y así como seguiremos celebrándolo siempre mientras se siga jugando al fútbol en este país.





