La Cancha: Inti Gas 2 – Sporting Cristal1

La Cancha: Inti Gas 2 – Sporting Cristal1

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Ayacucho es una ciudad agradable. Cuesta imaginarse cómo ese paisaje tan bonito y esa ciudad de callecitas estrechas, coloniales, con casonas arregladas y gente sonriente pudo albergar tanto dolor en algún momento. Y mientras caminaba por el centro, intentando precisamente imaginarme aquello de lo que ya no queda ningún rastro, el sol se mostraba soberano y me recibía con un día lleno de luz y de calor. Prácticamente sin nubes, el huamanguino cielo celeste me  recordaba a la camiseta que llevaba puesta desde que salí de Lima y que era el motivo de mi presencia ahí. Y, claro, mi esperanza en una victoria celeste tampoco tenía muchas “nubes” que digamos. Iba a ser dificil pero yo lo veía cerca, al alcance de la mano.

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El ánimo en el hotel era bueno. El equipo llegó ese mismo día en vuelo comercial y mientras descansaban en sus habitaciones se podía palpar la tranquilidad que da la seguridad de un trabajo bien hecho.

Pero, el día no nos fue propicio, en absoluto. A primera hora, el equipo de reserva se vio superado por el local. Es necesario señalar que este equipo de reservas ya ha aportado a sus principales figuras al primer equipo (Carranza y Navarro) y por eso resulta lógico que se vea debilitado. Más aún si consideramos que, a diferencia de otros equipos, los jugadores del primer equipo que no son considerados para el partido de fondo no suelen reforzar al equipo de reservas. Entre lo rescatable de este resultado debemos mencionar el buen despliegue que viene mostrando Diego Chávarri. No sorprenda si un día de estos se le considera para el primer equipo en el que alguna vez ya jugó.

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A las 3:30 salió Sporting Cristal a la cancha en lo que, esperamos, sea una de sus últimas presentaciones vestido de amarillo. Delgado, Fernández, Lojas, Martínez, Yotúm, Casas, Valverde, Carranza, Palacios, Ximénez y Advíncula fue el equipo que el Chino Rivera mandó a la cancha.  Se veían las variaciones habituales que hace el técnico y lo único que llamaba la atención era la reaparición de Martínez. El paraguayo no jugaba desde el empate que tuvimos en Sullana en la quinta fecha.

Ya iniciado el partido, Inti Gas se nos vino con todo. No debemos olvidarnos de mencionar el calor serrano que caía directo a aquella hora y también el tema de la altura. Lo cierto es que Cristal se mostró inseguro atrás y cada ataque local nos tenía a sobresaltos que sólo Erick Delgado – de buen partido a pesar del resultado – pudo parar en varias ocasiones. Fue casi media hora durante la cual los intentos de Cristal no pasaban del mediocampo y, por el contrario, nos veíamos constantemente apabullados por un equipo que no era más pero que aprovechaba nuestra inseguridad defensiva.

Luego de ese “rush” inicial, Cristal fue manteniendo la pelota y empezó a crear peligro. Y en base a este control fue que llegó el gol del Chino Ximénez. El Chino recibió un lindo pase mientras estaba dentro del área y sin dudar la cruzó al fondo. Cristal, que era más equipo, se ponía adelante en el marcador y ponía en orden los números.

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¿Qué pasó entonces? Desde mi punto de vista, lo que pasó fue que tanto las desconcentraciones como la inseguridad que veníamos mostrando en defensa nos pasaron factura. El primer gol ayacuchano llenó a poco de terminar el primer tiempo. El centro superó a Martínez – que es un especialista en el juego aéreo pero está falto de fútbol – y Mendoza fusiló a Erick.

El desnivel vino a poco de iniciado el segundo tiempo. El milésimo pelotazo de los locales y una jugada confusa. Confusa por que había un jugador en offside y eso fue marcado por el juez de línea. pero – al igual que en el partido contra Boys – el gol lo hizo otro jugador que si estaba habilitado y quien pescó el rebote para mandarla adentro sin que Delgado pueda hacer algo.

Ahora, la pregunta es … ¿acaso un offside no debería parar el juego? Es claro, y acá lo dijimos, que en realidad el juego sólo lo puede parar el árbitro y mientras no suene el silbato aún tenemos que estar pendientes de la pelota por más que exista la falta que exista. Pero también es cierto que una oportunidad de estas genera polémica y puede quedar para el análisis. ¿Pero dos? Que un línea suba la bandera y se le ignore, luego la baje y no pase nada en dos partidos consecutivos … es para iniciar la molestia ¿no?

De ahí en más vino el drama. Ojo, el drama no fue el gol que validó Haro y que posiblemente debió ser anulado. El drama fue que a partir de ese momento la pelota y la cancha fueron de Cristal. El drama fue que Cristal jugó con lo mejor de su plantel para el mediocampo. Estuvieron en el partido Palacios, Lobatón, Carranza, Sánchez, Valverde, Yotúm y Ximénez. Y nunca pudimos encontrar la fórmula para meter un gol.

Ojo, Inti Gas no defendió impecablemente, Inti Gas defendió como buenamente podía. Laura no es un arquerazo pero hizo lo mínimo necesario como para no irse pifeado. El problema no es que Cristal perdió por culpa del árbitro o por que tuvo al frente a un equipazo. Cristal, este partido, tenía para ganarlo tranquilamente pero no pudo hacerlo y muestra de eso es que Cristal remató pocas veces al arco y todas fueron desviadas. Principalmente Carranza intentó pero sus remates siempre fueron desviados. No hubo el jugadón de la defensa ayacuchana, no hubo un caudillo impasable, no hubo la tapadaza del arquero local. Lo que hubo fue un equipo de Cristal que intentaba e intentaba y no podía concretar nada.

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Desde detrás del arco local, donde me encontraba, vi a un equipo que le puso muchas ganas. Que mostraba gran intención y que debía tener ideas. Sin embargo, también vi que no podía concretar ninguna de esas ideas en un juego fluido. Y eso es el drama, amigo cervecero. Y lo digo por que no es la primera vez que sufrimos para enfrentar a una defensa cerrada. Es el drama por que a pesar de que ponemos lo mejor que tenemos no estamos más cerca de marcar un gol. Por que si se nos cierra el arco, a pesar de que seamos superiores, no vamos a poder conseguir resultados.

El año pasado nos enfrentamos a una paradoja. Fuimos el equipo más goleador y tuvimos a uno de los goleadores en el plantel. Pero estábamos décimos y mostramos durante varios partidos una total falta de capacidad para anotar. Parece que esa enfermedad también la tenemos este año. No somos el equipo más goleador pero tenemos al goleador del torneo y a pesar de eso (y que ayer el Goleador marcó) damos la impresión de no poder concretar.

A este equipo, celeste, yo no le puedo criticar el fútbol ni la entrega. Este equipo que cayó acá en Ayacucho no está para darle duro. Está, más bien, para alentarlo por que el problema que muestra no es algo que se cure con más huevo o transpiración. Es un tema al que, creo, hay que darle la vuelta con estudio y trabajo. Por eso no comparto que se le critique sin más. Yo, que vine más de 500 kilómetros para alentarlo, lo voy a seguir alentando en casa. Por que de repente mi aliento nos sirva para superar esta situación tan extraña y preocupante. Esta derrota no es, ni por asomo, similar a la caída que tuvimos frente a San Martín. Si en aquella oportunidad hubo razón para recriminar a los jugadores, en esta no hay razón sino para darles más apoyo. A ellos y, sobre todo, al técnico.

En la noche, mientras hacía tiempo para tomar el bus que me iba a traer de vuelta a casa, pasé por el hotel del equipo. El plantel ya había superado el malestar del fin del partido en el que se encerraron en su camerino y, dentro de la intimidad del grupo, me imagino que habrán discutido la impotencia que mostramos y que, repito, fue lo que causó la derrota. A esa hora ya estaban cenando y retirándose a sus habitaciones a descansar. El Chino Rivera no estuvo con ellos. Rivera escogió sentarse en una mesa separada del comedor. A la luz de la luna, en medio de la rotonda de este acogedor hotel, el técnico fumó su cigarro molesto, más bien preocupado.

Yo confío en él. Él es capaz de darle vuelta a esta situación y mientras me iba a dar las últimas vueltas a esta linda ciudad ayacuchana pensaba que de las volutas de humo que el profe iba dejando, van a terminar de salir las soluciones.

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Ayacucho, dije, es una ciudad bonita. Digna de visitarse con más tiempo. En ella ya no quedan esquinas oscuras, caminos solitarios, casas tristes. Tanta es su actividad y su calidez que caminando en ella uno no llega a entender cómo alguna vez pudieron haber problemas tan grandes y como hasta las huellas más imborrables de aquel pasado terrible terminan borrándose. Uno se da cuenta que la vida, que puede ser cruel por muchos pasajes, ayuda a que las heridas cicatricen. Uno visita Ayacucho y recibe esperanza. Ese es el principal regalo que te da la ciudad: esperanza. Y Uno regresa con esperanza y esa esperanza la aplica a la vida misma y a las cosas que uno más quiere.

Yo la apliqué toda a tí. Y sé que vamos por buen camino y que de estos tropiezos van a salir las soluciones. Yo sé. Yo quiero creer. Yo tengo esperanza.

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