La Cancha: Juan Aurich 2 – Sporting Cristal 1

La Cancha: Juan Aurich 2 – Sporting Cristal 1

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Como odio la cancha del Elías Aguirre. Aun en las mejores temporadas que hemos tenido, esa cancha ha significado un incómod traspies. Recuerdo 1994 cuando, en una temporada que goleamos a todo el Perú, sólo conseguimos un incómodo 0 a 0 ante el equipo del Aurich-Cañaña. Un 0 a 0 que en aquella oportunidad me pareció una ofensa al record de un equipo que marcaba 4 cada semana. Recuerdo también el 2002 cuando, ya campeones, nos enfrentamos al Juan Aurich – que a la postre se iría al descenso – y recibimos una vergonzante goleada.

Bueno, la sensación que me dejó este partido ya es conocida, se entiende.

Y no sólo es que se perdió sino que el equipo jugó un pésimo partido. Quizá en la memoria queden los errores de Erick en los dos goles chiclayanos pero a mi me queda, más que eso, la insoportable pasividad del ataque cervecero que no hizo más que lanzar pelotazos a un Ximénez que será el goleador histórico cervecero pero no es Jesucristo. Y no hace milagros.

Cristal perdió un partido mereciéndolo. Sin cubrirse en defensa, sin hilar bien en el medio campo y sin ideas en el ataque. Sin argumentos. Por eso es más correcto decir que este partido lo perdimos nosotros, no lo ganó el rival. Y así igual hemos perdido la posibilidad de campeonato para tener sólo “esperanzas” de campeonato. Pero no se perdieron en este partido, ojo, se perdieron hace varios partidos ya.

El miércoles recibimos en el Nacional al equipo que llama garra el lanzar de punta el balón a la tribuna. Cristal debe ganar, aunque sus posibilidades de título sean pocas, por su gente y por su historia. Y sobre todo por que sería de lo más bonito alejarlos del sétimo puesto que tanto quieren. Sólo los mediocres apuestan lo mínimo que necesitan (el 11 para aprobar el curso, el 7 puesto en el clausura para jugar el play-off) y usualmente la vida muestra a los mediocres que quien apunta a lo justo, no llega.

Que la celeste se convierta en el verdugo que demuestre a ese equipo sobrevalorado que a la mediocridad no hay por qué tenerle compasión.

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