La Cancha: Sporting Cristal 3 – Universidad San Martín 4.

La Cancha: Sporting Cristal 3 – Universidad San Martín 4.

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Si hay que buscar una explicación a lo que pasó el día sábado, quizá se podría resumir en tres palabras: “Cristal no mata”. Y es que al igual que San Martín marco tres goles en seis minutos, Sporting Cristal también tuvo la posibilidad de sumar esos tantos a su cuenta. Pero, como todo el mundo sabe, en el fútbol no se gana por promedio (de posesión, de dominio, de pases buenos, de remates al arco) sino por efectividad. San Martín no se desarmó nunca y por eso pudo matar cuando Cristal se desarmó. A diferencia de Cristal, el visitante si mata. Y mató.

Y es que nos enfrentamos al único equipo de este campeonato que, desde que entra a la cancha, tiene en mente qué busca, qué hacer y alguna idea de cómo hacerlo. Es por eso que en los primeros cinco minutos del partido San Martín pateó cuatro veces al arco desde fuera del área. Sabían que tenían que tentar a Aliaga y que en alguno de esos remates la bola podría entrar. Entraron dos.

Cristal dominó el partido casi desde el inicio. Con un juego ordenado y un mediocampo con gran técnica (Razzotti, Lobatón, Sheput y Palacios tienen un gran toque de balón y de rato en rato arman buenas triangulaciones) se empezó a poner contra las cuerdas al campeón. Hasta ahí, todo bien. Solvente la defensa, más seguro el arquero, ligero el mediocampo. El problema está adelante. Ximénez, que si bien marcó un gol, aún no muestra un nivel que lo destaque y más bien carga en su espalda el peso de varias ocaciones claras falladas y Brasilia, que llegó como el nuevo Julinho, aún no ha tenido ni la forma ni la oportunidad para demostrar sus condiciones. Antes de que finalice el primer tiempo, Brasilia se tuvo que ir cambiado por lesión y el San Martín lo pifió fuertemente. Tanto era el descontento de la gente con el brasileño que Cominges, quien fuera pifiado en el primer partido contra Melgar, entró rodeado de aplausos.

Las oportunidades perdidas por los delanteros celestes se lamentaron cuando en una jugada con peligro de gol la defensa cervecera aflojó todas las marcas luego de que desde la tribuna occidente sonara un pito idéntico al del árbitro. Todo el estadio pensó que se había cobrado una posición adelantada, incluyendo al atacante albo que dejó el balón para que Quinteros, sin dejarse convencer por el ardid, añadiera el balón ante un arco desguarnecido. La sorpresa en el San Martín se extendió y mientras Oblitas reclamaba airadamente a la afición de occidente, Cristal se vio abajo en el marcador. El empuje del equipo dio para el rápido empate en una bola bien añadida por Ximénez tras pivoteada de Villalta.

La sensación en el estadio era que Cristal era más que San Martín y que, tras el susto, el segundo tiempo iba a resultarnos beneficioso. Y así venía siendo. A los cinco minutos Ximénez fue trabado dentro del área y fue penal para Cristal y roja para el defensa visitante. La pena convertida por Lobatón tranquilizó la tribuna y dio paso a una etapa del partido en el que, apoyado por la superioridad numérica, Cristal se enseñoreó en la cancha. Los toques superaban a la defensa visitante y Cristal, nuevamente, perdió varias oportunidades claras de gol.

La expulsión de Razzotti significó un punto de quiebre en el partido. No sólo perdió Cristal la superioridad numérica sino que perdió todo el equilibrio y el orden que venía mostrando hasta ese momento. De pronto, sin Razzotti, Cristal dejó de ser un equipo ordenado y que dominaba en el campo y se transformó en un equipo perdido, sin rumbo, que deambulaba en la cancha con pelotas perdidas en salida, pases errados y sin contención. El ingreso de Marcos Delgado por Sheput no ayudó a para el equipo, el central Ramos se mostró lento y dubitativo y Aliaga – que había tenido dos buenas atajadas – se descolocó.

En seis minutos encajamos tres goles y ello sentenció el partido. Ni siquiera el buen gol de Hernández logró que el equipo rimense despertara. Cristal ya no tenía fuerzas y sus salidas se volvían lentas y predecibles. A ello había que sumarle que el equipo B de la San Martín se mostraba con más oficio, más físico, más entero.

Cristal mostró dos fallas que, felizmente, son corregibles. En primer lugar, tal como dijimos al inicio de esta entrada, no mata. La delantera no está mostrando la capacidad de capitalizar las opciones que se crean pero, sobre todo, el equipo no está mostrando una capacidad de generar ataques. No se ve un libreto aprendido sobre cómo abrir defensas, armar jugadas, intentar forzar el error del contrario. Cristal toca pero no tiene ideas y por ello termina apostando al pelotazo cruzado, al toque errado, al remate sin intención.

El otro punto se refiere más bien a que Cristal aún muestra ser un equipo ligero, sin mucho peso. La presencia de jugadores juveniles como Aliaga, Delgado o Tejada muestran aún un Cristal al que le cuesta despertarse de las adversidades. Eso es algo que con el paso de los partidos, y a medida que el equipo se vaya cohesionando, se superará pero el sábado nos costó tres puntos.

No somos un mal equipo pero tampoco somos “el equipazo” y esa falta nos costó al enfrentarnos a un rival que, bien armado, muestra ser quizá el mejor equipo del momento. Habrá que seguir el camino y no volver a tropezarnos.

Alineaciones:

Sporting Cristal: Aliaga, Prado, Villalta, Ramos, Hernández, Razzotti, Lobatón, Sheput (Delgado 65′), Palacios, Ximénez (Tejada 72′) y Brasilia (Cominges 41′).

DT: Juan Carlos Oblitas.

Amarillas: Prado (51′), Razzoti (57′), Ramos (72′), Delgado (78′).

Roja: Razzotti (62′)

Goles: Ximénez (45′), Lobatón (50′ p), y Hernández (80′).

Universidad San Martín: Flores, Ballón, Bianchi (Contreras 45′), Carrillo, Céspedes, Muente, Guizasola, Sánchez, Salazar, Silva (Ovelar 76′), Sacovértiz (Quinteros 36′).

DT: Víctor Rivera.

Roja: Muente (49′)

Goles: Quinteros (39′), Silva (67′), Sanchez (71′), Salazar (73′).

Árbitro: George Buckley

Estadio San Martín de Porres.

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